
Ubicada al norte de Francia, muy cerca del límite con Bélgica, Lille se hizo conocida por las fachadas de sus casas, la simpatía de sus habitantes y sus famosas papas fritas. Cabe destacar que Lille cuenta con el encanto y el movimiento propio de una ciudad universitaria, la tercera del país, luego de París y Lyon.
Una de las películas que colocó a este destino en el horizonte de los viajeros fue Bienvenue chez les Ch’tis (Bienvenido al lugar de los Ch’tis). El film narra la historia de un trabajador destinado al norte de Francia por cuestiones laborales, que termina enamorándose tanto del lugar como de su gente. Aclaración: en Francia se llama Ch’tis a los habitantes de esta región.
Además, Lille tiene un particular interés para los enamorados de las anécdotas de la realeza. Ocurre que la historia de la ciudad está inexorablemente unida a la del Rey Sol Luis XIV. El rey más famoso de Francia la anexó a sus territorios en 1667. A partir de ese momento, se modificó para siempre su arquitectura dada la mezcla de estilos propios de la zona con otros más clásicos. Esta variedad arquitectónica es algo que muchos visitantes aprecian al desembarcar en la ciudad.
A esto se suma que, en 2004, Lille fue designada Ville d’art et d’histoire (Ciudad de arte e historia).
Una ciudad que fascina por su arquitectura. Foto ShutterstockPara recorrer la ciudad es suficiente con destinar tres o cuatro días. Su ubicación estratégica permite continuar el recorrido luego hacia otras zonas de Francia. O bien dirigirse hacia Bélgica, donde continúan las fechadas propias de la arquitectura flamenca.
Una plaza cargada de historia
Uno de los imperdibles de Lille es la Grand Place, que en la Edad Media era un importante mercado de cereales. La Gran Plaza es el centro neurálgico y punto de encuentro de la ciudad. Rodeada de edificios icónicos, cuyas paredes están cargadas de historia, esta plaza es muy recomendable para visitar el primer día ya que –por sus características y su ubicación- permite tener un pantallazo general del estilo de este enclave francés.
Además de su atractivo histórico, la Gran Plaza, cuyo nombre oficial es Place du Général de Gaulle -Charles de Gaulle nació aquí en 1890-, ofrece a su alrededor un sinnúmero de bares, cafés y restaurantes ideales para sentarse a observar.
Uno de los principales edificios frente a la plaza es La Vieille Bourse (la Vieja Bolsa), vestigio de la historia comercial de Lille. Su fachada se destaca del resto debido al estilo arquitectónico, claramente renacentista. El edificio es bellísimo por fuera y por dentro, y por esto vale la pena un recorrido completo.
Callecitas con encanto en Lille. Foto ShutterstockHay que tener en cuenta que los fines de semana se desarrolla una feria de antigüedades en su interior. Se venden muebles, artículos del hogar, viejos vinilos, revistas y hasta ropa a precios muy accesibles. La entrada es gratuita.
Un dato más: desde fines de noviembre y hasta avanzado el mes de enero, esta plaza también es epicentro del mercado de Navidad de Lille. Un lugar donde la magia propia de estas fechas se hace sentir con toda su fuerza.
Pasaje para artistas
Otro de los encantos de esta ciudad es el famoso Passage des Arts (Pasaje de las artes): debe a su nombre a que se convirtió en un punto de encuentro para los artistas. De ambiente típicamente bohemio y emplazado dentro de lo que se conoce como el Barrio Viejo de Lille, el pasaje cruza la Rue de la Monnaie y la Place des Carmes.
El pasaje, una pequeña calle empedrada, está anunciado con un enorme pasacalle y concentra algunos de los restaurantes más hermosos de la ciudad. Por la noche, especialmente en primavera y verano, se concentran allí los turistas para tomar un café o cenar en las mesas ubicadas en la calle.
Además el Passage des Arts es una joya escondida para los coleccionistas, que pueden encontrar en sus tiendas infinitas antigüedades o libros usados. También para los amantes del arte, ya que hay numerosas galerías.
Ferias y mercados al aire libre, una atractivo en Lille. Foto ShutterstockEl reino de la papa frita
Un detalle culinario destaca a Lille en el mapa francés: sus papas fritas. Las french fries -como se las conoce en inglés- de esta región son las más elogiadas de Francia y motivo de orgullo de su gente. Cuando acompañan a los mejillones, el plato se llama moules frites.
Tanto en la Grand Place como en la Rue des Arts es posible degustar unas ricas frites, ya sea como acompañamiento o para picar. Importante: la mayoría de las cocinas en esta ciudad cierran a las 15 y reabren cerca de las 20, para la cena.
Una feria imperdible
Para conocer una de las ferias más grandes y variadas de Europa, Marché de Wazemmes,hay que planificar el viaje a Lille para coincidir con sus días de funcionamiento, martes, jueves y domingos.
A primera hora de la mañana, los distintos puestos comienzan a prepararse y se mantienen abiertos hasta pasado el mediodía (el domingo hay más concurrencia y el horario se extiende un poco más).
En total, son más de 400 puestos que van desde antigüedades y objetos curiosos hasta juguetes, artículos para decorar el hogar y ropa a precio muy accesible.
La feria lleva este nombre porque se desarrolla en los alrededores del Marché Couvert de Wazemmes, un mercado cerrado en el que es posible saborear productos locales sin gastar demasiado. Un buen plan dominical -que también disfrutan los locales- es almorzar en el mercado y luego salir a recorrer los distintos puestos de la zona sin apuro.
Pero, hay que decirlo, no todo es color de rosa en Lille. Como toda ciudad francesa, es importante tener en cuenta que suele ser muy lluviosa. Entonces, con paraguas en mano y ganas de recorrer, el paseo sí vale la pena y dejará recuerdos inolvidables.
