domingo, junio 7Hola Cañuelas

Un legendario camino del siglo XVI que renace en Italia entre pueblos medievales, viñedos y paisajes poco conocidos


Mientras los trenes y colectivos llegan y parten en la estación de Siena, Italia, un pequeño grupo de personas se prepara para viajar en dirección contraria al tiempo. Entre mochilas, bastones y saludos tímidos, estos peregrinos modernos están listos para recorrer un camino religioso del siglo XVI. Lo que antes se hacía por devoción religiosa, hoy también se transforma en búsqueda personal, de conexión con la naturaleza o el deseo de escapar, aunque sea por unos días, del ruido cotidiano.

Estamos por comenzar la Vía Lauretana, un camino que antiguamente unía Siena -en el corazón de la Toscana– con Loreto, ciudad sobre la costa adriática, en Las Marcas, a más de 200 km, donde una virgen de tez oscura espera a los devotos.

Ahora, cinco siglos más tarde, la organización DMO Lauretana ETS busca promocionar el antiguo Cammino Lauretano Toscano, que atraviesa siete municipios. Es una de las tantas vías de peregrinaje que llegaban hasta la virgen desde distintas partes de Italia. Una espectacular ruta de senderismo de 120 km que pasa por las monumentales colinas y bosques de las Crete Senesi (y su impresionante paisaje casi lunar) y se adentra en el mágico valle conocido como Val di Chiana.

Es una experiencia que combina montañas, bosques, antiguos senderos y pueblos que parecen literalmente olvidados en el tiempo. Una propuesta que busca devolverle la vida a una zona de la Toscana que suele quedar un poco opacada entre la historia y los grandes viñedos de la región.

Caminos rurales que araviesan llanuras, bosques y montañas en la región de la Toscana. Foto Guido Cozzi

Los tesoros de Siena

El primer paso de esta aventura es descubrir Siena y sus tesoros. La presencia de peregrinos se ve desde un principio en los caminantes con mochilas grandes, los carteles de Pedoni a sinistra (Peatones a la izquierda; por una vieja tradición vinculada a los caballos) y también en los negocios que venden zapatillas, que se mezclan con negocios de cultura musulmana.

Es que en Siena confluyen dos caminos: la Vía Lauretana y la famosa Vía Francígena, una de las más convocantes del país.

La Catedral de Siena. Foto Shutterstock

Uno no puede dejar la ciudad sin visitar la Porta Camollia con sus frescos internos, que data del siglo XIII y es la más importante de la ciudad por su resistencia a los ataques florentinos del pasado. La Catedral de Siena es otro imprescindible, con un estilo gótico-italiano que la destaca y deja a uno sorprendido. Y la fuente de la abundancia, o de las ranas por sus esculturas, es un secreto bien guardado entre las calles de la ciudad,

Lo mejor es Piazza del Campo, mítica por albergar la tradicional carrera de caballos, el Palio di Siena.

Después de un recorrido de dos horas a pie por la ciudad, cada uno recibe la credencial de peregrino y el sello distintivo del inicio de la aventura.

Vista de Piazza del Campo, donde se celebra el Palio di Siena. Foto Shutterstock

Caminar por las Crete Senesi

Para evitar caminar entre los autos, el punto de partida elegido para esta caminata es Arbia, a nueve kilómetros de Siena.

Salimos todos juntos, pero rápidamente el grupo empieza a dividirse. Algunos se conocen, otros llegaron para conocerse en el camino. Y también están los que prefieren caminar solos. Con bastones, zapatillas adecuadas o, simplemente, con ganas de caminar.

La primera parte es por una ruta provincial antes de adentrarse en el verde interminable. Allí Manuele, el guía, aclara que todavía la señalización del Cammino Lauretano Toscano no está del todo bien colocada y podría generar algunos problemas de desorientación para quienes decidan emprenderlo por cuenta propia. Es que tomar una dirección equivocada podría generar un desvío (y una pérdida de tiempo) innecesario.

Más allá de que sea una ruta legendaria, está claro que por ahora necesita del trabajo de los voluntarios de la DMO y de las oficinas comunales para seguir dándole forma. Son detalles que van a marcar el camino más adelante (ver Tendencia, pág. 32).

Una geografía que llama la atención en el camino. Foto Pierluigi Orler

“Las orquídeas selváticas en el camino buscan imitar a los insectos”, explica Nadia a los caminantes que la escuchan. Es una mujer canosa, de unos 50 años, que va parando cada tanto para escanear las plantas con su celular. Así explica, por ejemplo, que lo que vemos es un pisello odoroso, una chaucha tipo arveja, pero que tiene olor. Otra parada repentina es allí donde aparece la artemisia cretácea, en este caso una planta típica del territorio.

A unos cuatro kilómetros de Arbia, la vegetación se transforma y es asombrosa. Sobre todo cuando uno va más allá y se encuentra con una tierra blanca y agrietada, donde parece imposible que campos inmensos de trigo puedan crecer tan altos. Son las Biancane di Leonina, colinas de arcilla blanca que se iluminan cuando el sol las toca. Cinco millones de años atrás estaba el mar en Toscana, y entre almejas y arena, han dejado su marca en esta zona, que en la temporada de verano suele atraer a miles de turistas americanos que quieren conocer la tierra en donde se filmó Gladiador.

El sol empieza a sentirse, son casi las 12 del mediodía y el grupo necesita una pausa después de casi tres horas de caminata.

El punto panorámico por excelencia de las colinas de las Crete Senesi es el Site Transitoire, una instalación formada por una doble escultura (un asiento y una gran ventana de piedra) creada en 1993 por el artista francés Jean Paul Philippe. El paisaje es conmovedor. A tal punto que Neva, una mujer de Udine que lleva el nombre de un río ruso y que vive hace 25 años en la Toscana, quiere gritar de la emoción.

Mientras Alberto le ofrece un pedacito de dulce de membrillo seco hecho por sus propias manos, ella insiste que está ante la perfección y que la conmueve ver ese paisaje.

La siguiente pausa no estaba planificada. Interrumpen el camino siete cachorros de Pastor Maremmano, unos perros blancos que no le tienen miedo al lobo y que protegen las propiedades y el ganado. El responsable del Centro de acopio donde corren estos cachorros dice que se los encargaron para criar. Serán los guardianes del ganado en algunos meses seguramente. El padre de los perritos si bien no intimida, da a entender que no nos acerquemos demasiado: ante una alerta reaccionan de manera feroz.

Entre viñedos, parte del paisaje de la caminata. Foto Mattia Panza

Retomamos la marcha y las charlas van y vienen. Adriano y Ciro hablan de Maradona. Aseguran que el primer amistoso, cuando el 10 argentino empezó a jugar con el Napoli, fue justamente en Siena. Ese día, Adriano cuenta que estuvo en la cancha. Dice con cierta nostalgia, que no habrá otro como Diego. Ciro, napolitano, lo confirma con su cabeza.

A Neva no se la ve. Se queda atrás. El calor se siente. Caminamos por un terreno que es demasiado seco, donde solo hay árboles solitarios y en donde en las temporadas de más calor no se recomienda transitar.

Algunos siguen su recorrido. Otros la esperamos y, cuando por fin aparece, Neva nos dice que se equivocó de calzado. Que no esperaba un terreno tan duro.

Es que el camino en esta parte es exigente, es una ruta donde pasan especialmente motos y algunas bicicletas. No por algo se corre allí la mítica L’Eroica, una carrera de bicicletas muy tradicional con rodados viejos.

La última parada planificada para este día es en la Tenuta di Monte Santa Marie, la finca de Stefano Tesi, presidente de la organización DMO, que antes fue hogar de 1.300 personas. Sí, se trataba de un pueblo que actualmente es una especie de museo al aire libre y donde ahora solo viven dos personas.

Allí la pausa es breve, porque todavía tenemos que caminar casi ocho kilómetros más para llegar a Asciano. Entre ladrillos viejos, historias de parrales únicos en Italia y un poco de cerveza fría producida con granos antiguos, las caras de cansancio comienzan a notarse.

Finalmente llegamos a Asciano todos juntos por pedido del guía. Hay caras de agotamiento, rostros colorados y un sol en el cielo a pleno. Bien vestidos nos esperan el alcalde del municipio y algunos de sus asesores. Pero el segundo sello compensa todo el cansancio y hay una sensación de logro.

La Via Lauretana propone descubrir la Toscana menos conocida. Foto Pierluigi Orler

Al final, este día caminamos 28 kilómetros, tres más de los que anticipaba el programa. La cena con ciaccino senese, una especie de focaccia local, y el risotto de alcachofas hacen que todo esfuerzo extra haya valido la pena.

Plantas y cocina

A la mañana siguiente Neva encabeza el grupo. Con sus pasos cortos pero certeros se pone en el primer lugar. También tiene otro tipo de zapatillas, que las va a cambiar al menos dos veces más. Partimos de Asciano con la bendición de Don Luca, el párroco local y se suman al grupo varios nuevos caminantes.

Neva camina y conversa. Es complicado seguirle el ritmo, pero su argumento suena interesante. Habla de cómo cocinar algo y dice que es momento de comprar la freidora de aire, tan de moda en estos tiempos.

En el camino se destaca una gran cantera de travertinos, pero muchos estamos más pendientes de Neva que, de pronto, se detiene: “¡Estos son!”. Y explica que estamos ante una “achicoria pero más blanda y amarga”, dice.

La señalización de la Vía Lauretana Toscana. Foto Mattia Panza

No recuerda el nombre exacto pero sí lo más importante: “Estas plantas amargas son ideales para limpiar el hígado del invierno”, sostiene. Y entonces la pregunta es cómo cocinarlas. “Yo las lavo bien. Las meto sin agua en la sartén. Después les agrego agua, ajo y peperoncino. Se hacen bien blanditas y quedan listas para comer”.

¿Conoce todas las plantas? Asegura que no, pero que aprende de a dos o tres y las va probando, como el cardo mariano, los espárragos silvestres o la misma achicoria.

Iglesias, pueblos, viñedos y amabilidad

Ya vamos por el cuarto día de caminata y la camaradería y complicidad se siente. Neva le dice a este cronista, devenido peregrino, que debe conocer a Marcelo, un cordobés de la localidad de Arroyito que vive hace más de 30 años en Sinalunga, una de las etapas del camino.

Pero a unos dos kilómetros de Sinalunga, Silvia, una vecina del valle que es parte del grupo peregrino nos invita a almorzar en el patio de su casa. Nos acomodamos en la sombra mientras sacamos los sanguchitos, focaccias, tartas, ensaladas y hasta cous cous.

Durante los 120 kilómetros que tiene el camino se atraviesan bosques. Sobre todo en las etapas de Asciano a Scrofiano, y desde allí a Torrita di Siena. Ahí los letreros que indican el camino están bien señalados, porque de los contrario sería muy fácil perderse.

En el recorrido, además, los pueblos medievales se van colando en el paisaje y permiten que el camino a su vez les devuelva algo de vida.

Es que muchos de ellos quedaron prácticamente vacíos. Es el ejemplo de Valiano (Montepulciano) donde lentamente se empiezan a poner en pie las casas que estaban a la venta. Es más, el cartel blanco con letras rojas de “Se Vende”, es una de las características del paisaje.

Los viñedos son el otro ensamble del recorrido. La zona de producción de vinos bajo la denominación Valdichiana Toscana DOC (provincia de Arezzo y Siena) se caracteriza por el uso de variedades autóctonas tradicionales y variedades internacionales adaptadas.

Sangiovese, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, Merlot, Syrah y Canaiolo nero son los principales varietales utilizados.

Cortona, punto final de esta crónica de viaje. Foto Shutterstock

Marcelo, el cordobés, cuenta que es usual ver turistas estadounidenses que inundan las bodegas y las calles toscanas en busca del vino de esta región. Lo confirma porque su esposa trabaja en un supermercado local y a diario recibe compras de más de 500 euros, donde el vino es uno de los productos predilectos. Por eso la Lauretana se erige cómo una alternativa que permite saborear estos “néctares” directamente de dónde proviene su fruto.

Los mapas de Leonardo da Vinci

Las últimas etapas son llanas, se camina a lo largo de un valle. Pero no es cualquier valle: es uno que Leonardo da Vinci delineó como cartógrafo. Una tierra que antiguamente fue pantano y desde donde se ve Cortona, última etapa de la Lauretana, lugar que incluyó obras arquitectónicas de gran envergadura. Sobre todo aquellas ligadas al desvío del cauce del agua.

A entender esto nos ayuda la vieja Basilica di Santa Maria del Ponte a Lanciano. Lleva este nombre porque allí los peregrinos de la época se detenían a rezar antes de atravesar el gran pantano, que tenía malaria y peligro de muerte. Hoy se mantiene en pie gracias a la gestión de una asociación sin fines de lucro que recibe donaciones y busca mantener viva su esencia.

A lo lejos del valle se ve Cortona. Ya se veía, en realidad, desde Scrofiano en la tercera etapa y se ve desde casi todo el camino. Pero cuesta llegar. Su posición engaña: cuando parece que está cerca, las piernas se relajan, pero los kilómetros exigen seguir el camino.

Así se pasa por una de las aldeas que tiene Cortona, Ossaia, donde durante 20 años estudiantes canadienses excavaron una gran villa romana, que hoy está en manos privadas y no se puede visitar.

Los últimos kilómetros son el desafío final. Seis días de marcha bajo el sol (aunque este cronista los hizo divididos en dos fines de semana), se reflejan en cuerpos cansados y cubiertos de polvo.

En Cortona somos extraños visitantes vestidos de trekking, con bastones que marcan los pasos. En el edificio comunal el último sello caerá sobre el papel, pausando el camino toscano, mientras se hace presente el próximo sueño de alcanzar Loreto.

Un camino que va creciendo

Cuando uno habla de caminos de peregrinos, piensa inmediatamente en el de Santiago.

En Italia ha crecido el interés por las vías de peregrinaje, en particular después de la última película del humorista Checco Zalone, Buen Camino. El pedido de credenciales creció un 400% y, según el informe Italia, País de Cammini, hay 160 caminos activos en el país.

La Vía Lauretana toscana ya es oficial pero tiene algunas cosas que mejorar y lo señalan los propios organizadores, desde la señalización hasta la oferta de lugares de descanso.

En esta salida grupal no dormimos como peregrinos, pero cada vez son más los hospedajes que se suman con facilidades pensadas para quien camina. David, de la organización, asegura que es complicado convencer a los hoteleros de la zona. Sin embargo, Emma del agroturismo de Il Molinello confiesa que cada vez reciben más solicitudes de personas que hacen turismo a pie o en bici. Por eso ofrece alternativas más económicas y horarios que se adapten a la rutina de los caminantes.

Cómo llegar a Siena

  • Para ir en tren desde Roma hay que parar en Florencia y luego conectar a Siena. Se pueden usar trenes regionales o combinar trenes de alta velocidad con regionales.
  • Los buses son la opción más directa. Desde la estación Tiburtina en Roma hasta la de Siena se demora poco más de dos horas y media según el camino. Pasajes desde 6,50 euros el tramo.
  • En auto, el viaje de Roma a Siena es de dos o tres horas.

Dónde dormir

En las distintas etapas hay cada vez más hospedajes que ofrecen tarifas para peregrinos. Hay que consultar a la organización o en las oficinas de turismo locales para conocer cuáles son.

  • Accoglienza Santa Luisa en Siena, desde 20 euros la noche.
  • Agriturismo Il Molinello en Asciano, desde 40 euros la noche en temporada alta (con desayuno).
  • Hotel la Piccola Stazione en Torrita di Siena, desde 30 euros por noche (con desayuno).
  • Parrocchia Santi Andrea e Lorenzo, en Serre di Rapolano desde 20 euros la noche para peregrinos.

Dónde informarse

  • dmovialauretana@gmail.com



Source link