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Auroras boreales, una cascada de fuego o un «arco iris líquido»: 8 fenómenos naturales imperdibles


A veces el motivo de un viaje es la historia: ciudades, ruinas, testimonios de culturas centenarias o milenarias. A veces, simplemente la necesidad de descansar, de desenchufarse del día a día. También puede ser por un evento determinado (un partido, un torneo, un concierto), o la necesidad de contemplar un determinado paisaje.

En definitiva, el destino de un viaje, depende de razones múltiples y muy variadas; entre ellas determinados fenómenos naturales espectaculares, y también únicos, que sólo se producen en una determinada zona o en cierta época del año, y que vale la pena contemplar.

Aquí, de Indonesia al Círculo Polar Ártico, y de Tanzania a Venezuela, ocho propuestas para dejarse sorprender por las maravillas de la naturaleza.

Los ríos de lava con llamas azules del Volcán Kawah Ijen. Foto Shutterstock

El volcán de fuego azul (Indonesia)

El volcán Kawah es uno de los que conforman el complejo Ijen, un grupo de volcanes ubicados en la regencia de Banyuwangi en Java Oriental, de los cuales 143 están en actividad.

La particularidad del Kawah, de 2.386 metros de alto, que lo hace único y muy atractivo para los visitantes, es que libera una gran cantidad de dióxido de azufre, un gas altamente irritante y tóxico que genera llamas azules que acompañan el descenso de los ríos de azufre líquido en plena combustión, dando lugar a “ríos azules” que se contemplan desde el atardecer.

En el cráter del Kawah se forma el lago caliente más grande del mundo. Foto Shuttersotck

El lago del cráter del Kawah, con un kilómetro de diámetro y una profundidad aproximada de 200 metros, es el lago caliente más grande del mundo. Sus aguas, de una intensa tonalidad azul turquesa por estar cargadas de ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, son de una acidez y toxicidad extremas.

En este cráter, aunque parezca imposible, hay una importante actividad minera totalmente manual, con mineros que acarrean grandes bloques de azufre de varias veces su propio peso ascendiendo por la pared del cráter, una escarpada pendiente de casi 200 metros.

El Kawah Ijen es uno de los tantos volcanes de Indonesia, un país que cuenta más de 17.000 islas asentadas sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas con mayor actividad sísmica y volcánica de la Tierra.

Los increíbles colores del río Caño Cristales, en Colombia. Foto Shuttersotck

El río de colores (Colombia)

Entre los espectaculares paisajes que regala Colombia -playas perfectas, montañas, cafetales-, hay uno que no por menos conocido es menos extraordinario.

Está en la Sierra de la Macarena, en el municipio de Caño Cristales, unos 400 km al sur de Bogotá, y se trata del río Caño Cristales, más conocido por sus apodos: “el río de los cinco colores”, “el río más hermoso del mundo” o “el arco iris líquido”.

El recorrido del río -de unos 100 km de largo y no más de 20 metros de ancho- es un espectáculo de pozones y pequeñas cascadas y, en algunos tramos, deslumbrantes colores que parecen esparcidos por la mano de un artista; pero no, es una gran obra de la naturaleza.

Los colores del río solo se pueden disfrutar durante unas semanas del otoño. Foto EFE/Andrés Hurtado

Tonos rojizos, verdes, amarillentos y azulados tiñen el fondo del río, dándole a sus aguas un aspecto único. Las algas podostemaceae son las que aportan el color rojo, mientas que los demás colores provienen de una combinación de piedras, algas y arena.

Es un gran espectáculo de la naturaleza, pero breve, ya que solo se puede disfrutar unas pocas semanas en otoño. Durante la temporada seca no hay agua suficiente para que crezcan las algas de los colores, y en época de lluvias hay demasiada agua y corre muy rápido, lo que impide ver el fondo.

El relámpago del Catacumbo ilumina los cielos casi 300 noches al año. Foto Shutterstock

Cielo eléctrico (Venezuela)

Amantes de las tormentas eléctricas, con rayos y relámpagos, suelen encontrarse a orillas del lago Maracaibo, en Venezuela, fascinados por un fenómeno único.

Lo llaman “El relámpago del Catacumbo” o “el faro de Maracaibo” y consiste en grandes tormentas eléctricas que iluminan este cielo la mayor parte de las noches del año: hay un promedio de 260 a 300 tormentas eléctricas cada año, y algunas de ellas llegan a descargar hasta 200 rayos en un minuto. En un estudio de varios años, la NASA contabilizó un promedio de 1,6 millón de rayos por año.

La NASA le dio al lago de Maracaibo el título de “capital mundial del relámpago”. Foto Shutterstock

Estas cifras hicieron que la propia NASA le otorgara al lago de Maracaibo el título de “capital mundial del relámpago”, que fue certificado por Guinness World Records.

El espectáculo de luces se produce sobre todo entre abril y noviembre, y se debe al choque de vientos cálidos del Caribe y fríos de los Andes, lo que crea grandes cumulonimbos en buena parte del lago, sobre todo en los alrededores del delta que forma el río Catatumbo al desembocar en él.

A menudo es un fenómeno silencioso, ya que se observa desde grandes distancias, por lo que se ven los rayos pero los truenos no llegan a escucharse.

El evento, único en el mundo, es el primer generador de electricidad de origen tormentoso del planeta, y el principal regenerador de la capa de ozono. Hay tantos rayos, y definen tanto la identidad del lugar, que el estado venezolano de Zulia los incluyó en su bandera.

La cascada se "enciende" algunos atardeceres de febrero. Foto Dakota Snider/via REUTERS

La cascada de fuego (Estados Unidos)

Un fenómeno muy breve, que solo se puede contemplar durante unos minutos por unos pocos días. La protagonista es la cascada Horsetail Falls, que durante la mayor parte del año es una de las menos llamativas del parque nacional Yosemite, en California.

Es que, aunque cae desde una altura impresionante (650 metros), su caudal está lejos del de otras más conocidas, como Yosemite Falls o Bridalveil Fall. Sin embargo, esta discreta cascada tiene sus 15 días de fama, en los que eclipsa a todas las demás.

Horsetail Falls tiene una caída de 650 metros. Foto Shutterstock

Sucede durante pocos minutos al día entre mediados y fines de febrero, cuando el sol la impacta en un determinado ángulo al atardecer y Horsetail Fall cae brillando contra las paredes del Capitán, una impresionante mole de granito de 900 metros de alto.

Esos días, cientos de personas se reúnen a los pies del Capitán con sus cámaras de fotos preparadas, porque hay varios factores que se tienen que dar: por un lado, la alineación correcta del sol, la cascada y el espectador; por otro, que haya suficiente agua arriba, lo que depende de que haya nevado suficiente y de una buena temperatura diurna para que esa nieve se derrita.

Y también, claro, que el cielo esté lo suficientemente despejado para que el sol ilumine la cascada y produzca el “efecto fuego”.

La bioluminiscencia es visible en muchas playas del mundo, aunque con más frecuencia en el Caribe. Foto Shutterstock

Mar de luces (destinos varios)

La definición científica dice que la bioluminiscencia marina es un fenómeno natural por el que ciertos organismos, como fitoplancton u hongos, emiten luz azul o verdosa al agitarse -al sentirse en peligro-, por ejemplo, por el movimiento de las olas o el paso de barcos.

Esta reacción química defensiva se produce principalmente en primavera y verano y es visible en playas de todo el mundo, aunque en algunos sitios más que en otros.

Bioluminiscencia en la playa de Acapulco, México. / Redes.

Si quiere incrementar las probabilidades de disfrutar de este espectáculo, viaje en verano a la Bahía Mosquito, en la isla de Vieques, Puerto Rico, que, según los récords Guinness, es la bahía bioluminiscente más brillante del planeta, producto de una gran concentración de seres vivos en el mar.

Otros sitios para bañarse en agua luminosa son la bahía de Toyama o el archipiélago de Ogasawara , en Japón -donde el que brilla es el “calamar luciérnaga”-, o las cuevas Aranui y Guaitomo, en Nueva Zelanda (el brillante aquí es un gusano).

También varios destinos del Caribe como las Islas del Rosario o Barú, en Colombia, o playas de México en Quintana Roo, Campeche o Nayarit. Incluso se las puede ver en playas de la Costa Atlántica argentina.

La Pororoca ingresa a contracorriente por el Amazonas, atrayendo a surfistas de todo el mundo.Foto EFE/Maycon Nunes

El Gran Estruendo (Brasil)

Pororó-ká es una palabra guaraní que significa “gran estruendo” y da nombre a la que es considerada la ola más grande del mundo no por altura, sino por duración.

La Pororoca es una inmensa ola que se genera en el océano y llega a las costas del Brasil, ingresando a contracorriente en distintos ríos a través de su desembocadura, especialmente en el Amazonas, con un gran poder destructivo que arranca árboles y provoca inundaciones, especialmente allí donde el cauce del río se angosta, ya que las olas que “suben” río arriba pueden alcanzar los 4 metros de altura.

Se produce por el encuentro del Amazonas con el océano y la acción de las mareas, que hacen que las aguas del mar penetren en las del río durante la pleamar, pero al tratarse de un río de gran caudal, sus aguas provocan una fuerte resistencia, lo que genera el estruendo.

La Pororoca avanza por el río más de 15 km y puede llegar a medir cuatro metros de alto. Foto Amazon High Tide/RedBull.

Para que el fenómeno ocurra se tienen que dar ciertos factores, como las corrientes marinas adecuadas y fases de luna llena o nueva, que generan mareas intensas.

La Pororoca es aprovechada por surfistas que llegan desde todo el mundo para remontar las olas aguas arriba durante casi una hora: récord de tiempo surfeando sobre una misma ola.

Las auroras boreales se producen en la ionósfera por proyecciones de masa solar que chocan con los polos de la magnetósfera terrestre. Foto Shutterstock

Danza de luces en el cielo (Círculo Polar Ártico)

Dice el mito que cuando Aurora, la diosa romana del amanecer, llega al bóreas (norte), da lugar a uno de los fenómenos más espectaculares de la Tierra.

Las auroras boreales son fenómenos lumínicos producidos en la ionósfera por proyecciones de masa solar (viento solar) que chocan con los polos de la magnetósfera terrestre. Pero lo importante es el resultado: una magnífica danza de luces de colores en el cielo.

Tromso, en Noruega, es un destino popular para salir a la "caza" de auroras. Foto Shutterstock

Para verla hay que viajar bien al norte, dentro del Círculo Polar Artico, y en el invierno boreal (octubre a marzo). Por ejemplo a Alaska, Canadá, el norte de Escandinavia y Rusia o Groenlandia.

Eso sí, si va por pocos días, deberá tener suerte, porque no siempre se las ve; son transitorias, de difícil predicción, y requieren de un sol activo y un cielo despejado.

En todos los países hay sitios preparados para verlas, como el Parque Nacional de Abisko, en el norte de Suecia, donde la Aurora Sky Station ofrece alojamiento, cenas, tours guiados, exhibiciones y una torre de observación, siempre con la posiblidad -no la seguridad- de ver las famosas northern lights.

Unos dos millones de animales, especialmente ñus, migran entre Tanzania y Kenia. Foto Shutterstock

La Gran Migración (Tanzania y Kenia)

Un millón y medio de ñus de barba blanca, unas 350.000 gacelas, 200.000 cebras y más de 12.000 antílopes se desplazan en masa en inmensos grupos e interminables columnas, dando un espectáculo único y verdaderamente impactante.

La Gran Migración es el viaje que estos cientos de miles de animales hacen dos veces cada año siguiendo las lluvias y las mejores pasturas.

Una postal del Parque Nacional Serengeti, en Tanzania. Foto Shutterstock

Entre julio y octubre, los ñus migran desde el centro y sur de Tanzania: parten de Serengeti, del área de conservación del cráter Ngorongoro -la caldera volcánica inactiva más grande del mundo, que alberga a más de 25.000 animales salvajes- y de la reserva de Maswa, hacia las verdes praderas del parque Maasai Mara en Kenia, una inmejorable oportunidad para observarlos.

Y también, claro, a sus predadores: leones, leopardos, hienas, cheetas, cocodrilos de ríos. Un festín para los amantes de la fauna en libertad.



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