domingo, febrero 15Hola Cañuelas

casi 4.000 botellas de whisky y espirituosas, catas privadas y un anfitrión que recibe en su casa


Una preciosa botella de The Macallan Time: Space traída directamente de Escocia, otra de White Horse que está festejando 100 años -es de la década de 1920- o una de coñac Martell de la década de 1950 que ya no se consigue ni en la propia destilería en Francia.

Una trilogía de piezas casi imposibles que no es más que una muestra de lo que se puede ver en un recorrido por uno de los museos de whisky más singulares del país, casi como si se escondiera en el paraíso: el Expreso del Whisky, en la Península San Pedro de Bariloche, con vistas al lago Nahuel Huapi.

No hay cartel ni boletería, tampoco horarios fijos: es la casa abierta donde vive Carlos Salazar -mucho más conocido como “Charlie”- y donde exhibe unas 3.500 botellas reunidas a lo largo de casi 25 años de coleccionismo paciente y obsesivo.

El Expreso del Whisky no tiene cartel, horarios fijos ni entrada paga. Y está en un paraíso barilochense. Foto Expreso del Whisky

“El whisky me empezó a interesar hace más de 20 años. Al principio sabía poco, pero empecé a leer, a interiorizarme. probar y comprar”, cuenta Charlie, que de formación es cocinero, con título obtenido en la “vieja” escuela del Gato Dumas, y soñaba con abrir un bar.

Al principio pensó en hacerlo en Buenos Aires, pero en un punto de su vida optó por escapar del ruido y el ritmo frenético de la ciudad, e instalarse en uno de los paisajes más espectaculares del país.

“Tomé la decisión de huir de Buenos Aires y venirme a Bariloche con la idea de abrir ese bar acá. Pero cuando llegó la pandemia el proyecto se frenó, y con las botellas que había juntado hasta entonces, decidí crear este museo privado”, cuenta.

El universo del whisky

El Expreso del Whisky es también una casa. Su casa, un espacio abierto al público donde exhibe botellas históricas, ediciones limitadas y accesorios como jarras antiguas, ceniceros, bandejas y muchos otros objetos de todo tipo vinculados al universo del whisky y otras bebidas espirituosas.

“No se trata sólo de botellas; todo lo que tenga que ver con whisky y destilados me interesa”, dice Charlie, que ha logrado reunir piezas de las décadas de 1920 y 1930, ediciones en lata ya desaparecidas del mercado y botellas que solo se ven en subastas internacionales o museos.

Allí en el centro, una edición especial por los 200 años de The Macallan. Foto Expreso del Whisky

Entre las joyas aparecen varias rarezas de Jack Daniel’s -como ediciones Centennial, Gold Medal de 1981 o réplicas de botellas históricas de principios del siglo XX- y una impresionante selección de botellas de The Macallan -“Tengo unas 60 etiquetas distintas”, avisa-, una de las marcas más famosas del mundo.

Entre ellas, una de las más comentadas: la edición especial por el 200° aniversario, llamada Time: Space, decorada por un artista japonés que trabaja con origamis. “Al abrir la caja hay 200 puntas de origami que simbolizan los 200 años de la marca. La traje directamente de Escocia y prácticamente ya estaban todas vendidas antes de salir”, cuenta.

Y más sorpresas: «Hay gente que me dice, por ejemplo, que Ballantine’s no le gusta, pero aquí tengo unas botellas especiales añejadas que están consideradas entre los mejores blends del mundo; toman eso y se sorprenden».

El lago Nahuel Huapi desde una ventana del museo. Foto Expreso del Whisky

De Escocia a Uruguay

El coleccionismo de whisky es todo un mundo, y muy activo. “Hay botellas que salen de antemano vendidas y otras que, con el tiempo, valen cinco veces más”, señala Charlie.

Y los precios llegan a valores impensados para alguien que no pertenezca a este mundo. El récord, por ejemplo, lo tiene una The Macallan 1926 (con etiqueta Valerio Adami), subastada por Sotheby’s en noviembre de 2023 por 2,7 millones de dólares.

“El whisky no se altera con el tiempo. Podés dejarlo 100 años y permanece igual”, dice Charlie. Por eso, muchos coleccionistas suelen adquirir dos botellas: una para beber y la segunda para guardar.

Pero la colección de Charlie no se limita a whiskies escoceses, país al que viajó ya una decena de veces, ya que también tiene bourbons estadounidenses, botellas antiguas de coñac -incluido un Martell de 1950 sobre el que la propia bodega, en Francia, le confirmó que ya no conserva ejemplares-, o rones poco comunes.

Caros Salazar, o mejor, Charlie, el fundador de esta colección de tesoros. Foto Expreso del Whisky

Y curiosidad para el recién iniciado, varias piezas llegadas desde Uruguay. “Es que durante muchos años Uruguay fue el país que más whisky consumía per cápita en el mundo, y de ahí llegaron muchas jarras y objetos”, explica el coleccionista.

Y entre las curiosidades que atesora destaca un muñeco de yeso de Johnny Walker de 1940, de casi 70 centímetros de altura.

Invierno, un hogar y un buen whisky, combo imbatible. Foto Expreso del Whisky

Una experiencia entre amigos a orillas del lago

Pero Expreso del Whisky no se distingue solo por la cantidad y rarezas de su colección, sino que destaca especialmente por la experiencia en general que ofrece. Es que Charlie no cobra entrada, y coordina las visitas de manera directa, por Instagram (@expresowhisky) o WhatsApp. “No tengo horarios fijos porque esta es mi casa. Me llaman y vienen”, dice.

También organiza catas para grupos reducidos y suele incluir degustaciones de whiskies antiguos -algo muy poco habitual incluso a nivel internacional- acompañadas por picadas de ahumados, trucha o jabalí, especialidades de la zona.

Hasta escoceses que visitaron el lugar aseguraron que no hay un sitio similar en su país, referente mundial del whisky. Foto Expreso del Whisky

“Es más una reunión de amigos que algo comercial. Podemos poner, por ejemplo, tres Glenfiddich actuales y uno de 30 años, para que se noten las diferencias”, describe. Y asegura que de Glenfiddich le faltan solamente las dos primeras botellas, de principios del siglo XX, «pero solo están en museos, es muy difícil conseguirlas».

Ex jugador de rugby de Liceo Naval (camada 69), Charlie mezcló sus dos pasiones en la decoración del lugar. “Todo va entre el whisky y el rugby”, dice.

Por eso no sorprende que entre los visitantes haya periodistas, músicos, artistas y figuras ligadas al deporte, como el ex Puma Serafín Dengra. “Vienen muchos amigos, gente del rock, del arte y del rugby, y a veces terminamos cantando en casa; es algo muy de amigos”.

Charlie con el ex jugador de Los Pumas Serafín Dengra. Foto Expreso del Whisky

A pesar de su perfil bajo, el museo se fue haciendo conocido por el boca en boca y hoy recibe turistas de todo el país y del exterior. “Incluso en Escocia es difícil ver un lugar así, con tanta variedad. Los propios escoceses me lo dijeron”, asegura. Cuenta que todos los productos están a la venta, y que constantemente está buscando

Y aunque existen colecciones más grandes como la de La Catedral del Whisky en San Pablo, Brasil -una impresionante colección privada que suma más de 20,000 botellas-, o el Museo del Whisky fundado por Miguel Ángel Reigosa en Buenos Aires, el carácter íntimo y personal de este espacio patagónico lo vuelve único.

Keep Walking. Una edición especial del famoso caminante de Johnny Walker. Foto Expreso del Whisky

El Museo Expreso del Whisky está en avenida Campanario 1087, en Península San Pedro, a unos 20 kilómetros del centro de Bariloche.

Y no, no es un museo tradicional: es una casa abierta donde el whisky funciona como excusa para contar historias, probar sabores -muchos de los cuales ya no se consiguen- y descubrir que en el sur también hay lugar para un pequeño templo dedicado a los mejores destilados del mundo.





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