
“Hemingway nunca comió aquí”. El cartel, colgado en un restaurante en Cuchilleros 2, a metros de la Plaza Mayor de Madrid, me recordó los muchos otros lugares aquí, en la capital española, o en Cuba, en París o en algún otro punto del planeta, en los que, efectivamente, el escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway sí había estado (comiendo, durmiendo, viviendo, trabajando, escribiendo).
En aquellos tiempos lejanos, uno de mis primeros viajes a Europa a mediados de los 90, sin redes sociales ni internet, decir que tal o cual famoso “había estado allí” -y dejarlo claro en un cartel- era algo que ayudaba a la promoción de un establecimiento, lo ponía en vidriera, le daba un respaldo. Una lógica que aún hoy les funciona a muchos: si una celebridad –o un influencer con muchos seguidores- pasó por acá… algo bueno tendrá.
Lo cierto es que, sea de paso o de forma más permanente, Ernest Hemingway –Permio Pulitzer en 1953 y Nobel de Literatura en 1954- estuvo en muchos lugares, algo que se refleja en sus crónicas periodísticas o en los escenarios de sus cuentos, relatos, novelas y memorias: Italia y Adiós a las armas; África y Las nieves del Kilimanjaro o Las verdes colinas de África; Cuba y El viejo y el mar; o la capital francesa y París era una fiesta, por ejemplo.
Basta con leer su biografía para entender la inspiración literaria que le generaba toda ciudad por la que pasara, todo lo que vivía -dos Guerras Mundiales, la Guerra Civil Española- al igual que los personajes con los que se cruzaba, muchos de ellos parte de su vida cotidiana o de encuentros fugaces.
Los gatos de seis dedos de Ernest Hemingway, en su casa-museo de Key West. Foto ArchivoEs difícil decidir por dónde empezar; sus idas y vueltas por el mundo trastocan cualquier plan de buscar un orden. ¿París, adonde llegó con su primera esposa, Hadley, en 1921, y ciudad a la que regresaron luego del nacimiento del primer hijo, Jack? ¿Madrid, que visitó montones de veces a lo largo de tres décadas (además de otros lugares de España, como Pamplona)? ¿Key West, donde está la casa en la que se instaló con Pauline en 1931 y que hoy es un museo? ¿La Finca La Vigía cerca de La Habana, donde vivió hasta 1960 con Mary Welsh, su cuarta esposa? ¿El pueblo de Ketchum, en Idaho, donde se preserva como Patrimonio Histórico la casa en donde se suicidó en 1961 (solo se puede visitar de manera virtual)?
París en el corazón
“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue” (De una carta de Ernest Hemingway a un amigo, 1950).
Hemingway se mudó a París con su esposa Hadley, la primera, en 1921. La joven pareja se instaló en un pequeño y sencillo departamento en la rue Cardinale Lemoine. Recién llegados, la primera noche en la ciudad la pasaron en la habitación 14 del Hotel d’Angleterre (44 rue Jacob, en Saint-Germain-des-Prés), un establecimiento que sigue funcionando. Es más, en la web del hotel figura la 14 asociada al escritor y en la categoría “Habitación Superior”.
Les Deux Magots, en París, un café y restaurante de 1884. Foto MIGUEL MEDINA / AFPEl hotel está a 250 metros de los célebres cafés Les Deux Magots (1884) y Café de Flore (1887), conocidos por sus tertulias filosóficas, artísticas y literarias. Lejos de los acalorados intercambios intelectuales del siglo XX, hoy son un atractivo turístico indiscutible para todo visitante novato en París.
Si uno quisiera armar un itinerario por la capital francesa “tras los pasos” del escritor, al detenerse en Les Deux Magots habría que pedir un Le Petit Déjeuner Hemingway, un desayuno completo que incluye pan con mantequilla Poitou-Charentes, tocino, tortillas y jugo de pomelo fresco, y cuesta 30 euros. O el cóctel especial de ron Hemingway, que cuesta 16 euros.
En Montparnasse, otro barrio parisino, el restaurante, piano bar y cervecería La Closerie des Lilas (171 Bd. du Montparnasse) también podría ser una buena parada gastronómica, cultural e histórica. Dicen que por aquí pasaron figuras como Verlaine o Picasso, entre otros.
“La Closerie des Lilas era el único buen café que había cerca de casa, cuando vivíamos en el piso encima de la serrería, en el número 113 de la rue Notre-Dame-des-Champs. Y era uno de los mejores cafés de París. En invierno se estaba caliente dentro, y en primavera y otoño se estaba muy bien fuera, cuando ponían mesitas a la sombra de los árboles junto a la estatua del mariscal Ney, y las grandes mesas cuadradas bajo los toldos, en la acera del boulevard”, escribió Hemingway en París era una fiesta, en el capítulo 9 titulado Ford Madox Ford y el discípulo del diablo.
En este lugar, donde una placa metálica en la barra lo recuerda, habría que pedir un Filet de boeuf Hemingway au poivre noir, flambé au Bourbon, pommes Pont-Neuf (un bife de ternera al estilo Hemingway con pimienta negra, flambeado con bourbon y papas). Cuesta 56 euros.
Hay muchos sitios más vinculados a Hemingway como los Jardines de Luxemburgo, el Museo de Luxemburgo, el Louvre, el Sena o la Brasserie Lipp: “Caminé aprisa hasta Lipp (…) Había poca gente en la brasserie, y cuando estuve sentado en la banqueta, con el espejo a mi espalda y una mesa ante mí, el camarero me preguntó si quería una cerveza. Pedí un distingué, que era una gran jarra de cristal con un litro de cerveza…”.
Exposición de Tarsila do Amaral en el Museo de Luxemburgo de París. Foto EFEOtra parada ineludible debería ser el lujoso hotel Ritz: desde 1994, uno de sus bares se llama Hemingway.
“El Bar Hemingway se siente tan íntimo como el vínculo que unía al escritor con nuestro hotel. Escribió que París era el Ritz; una fiesta permanente, un lugar lleno de promesas”, dicen en el hotel.
Agregan: “A partir de la década de 1920, convirtió el bar en su cuartel general, pasando tiempo con sus amigos Francis Scott y Zelda Fitzgerald tomando un coñac o un Dry Martini. Con los años, forjó amistad con los bármanes Georges y Bertin. Por cierto, la ubicación actual del Bar Hemingway fue en su día la de Le Petit Bar, el primer bar de lujo de la capital abierto a mujeres, que podían acudir solas: ¡un soplo de libertad, años adelantado a su tiempo!”.
España, toros y cochinillo asado
El escritor llegó por primera vez a Madrid en 1923: cien años después, en 2023, varias instituciones celebraron el aniversario. El Ayuntamiento de Madrid organizó el recorrido guiado “Hemingway, un americano en Madrid”, que unía hoteles, restaurantes y diversos rincones urbanos vinculados al escritor.
Hemingway volvió muchas veces más en la década de 1920 con su familia; durante la Guerra Civil estuvo como corresponsal de la North American Newspaper Alliance; y viajó nuevamente en los años 50.
Entrada al Museo del Prado. Foto REUTERS/Violeta Santos MouraEl Parque del Retiro y el Real Jardín Botánico eran dos sitios que le gustaban mucho, tanto como el Museo del Prado o la Plaza de toros Monumental de Las Ventas (tiene visitas guiadas y tours virtuales).
Pero si vamos al terreno gastronómico y de tragos, podríamos darnos un gran banquete. La Cervecería Alemana, desde 1904 en la Plaza de Santa Ana, o el Restaurante El Callejón (Calle de la Ternera, 6), que ya no existe, o el Museo Chicote (Gran Vía 12), que funciona desde 1931 y se considera la primera coctelería de España: acá uno podría pedir el trago Papa Doble Hemingway, que lleva ron Cacique, licor de marrasquino, jugo de pomelo, jugo de limón.
Pero el lugar por el que definitivamente hay que pasar es el célebre Restaurante Botín (Calle de Cuchilleros 17, a metros de la Plaza Mayor), donde transcurre la última escena de Fiesta. Es famoso no sólo por sus emblemáticos cochinillo y cordero asados “al estilo castellano”, sino también porque tiene el récord Guinness por ser el restaurante más antiguo del mundo (abrió en 1725).
El restaurante Casa Botín, en Madrid.Anécdota: Hemingway era amigo de Emilio González, el dueño, a quien le rogó que le enseñara a hacer paella. El resultado fue tan desastroso que entre ambos decidieron que era mejor abandonar sus intentos culinarios y seguir dedicándose a la literatura.
También hay Hemingway en el País Vasco, en Pamplona con sus sanfermines y hasta en Valencia.
En julio de 2025, el Ayuntamiento de Valencia -ciudad donde dicen que Hemingway comenzó su novela Fiesta-, celebró los 100 años de la primera visita del escritor con el lanzamiento de la Ruta Hemingway con dos itinerarios complementarios: uno por el centro histórico, visitando el Hotel Excelsior, la Estación del Norte, la Plaza de Toros, el edificio de Correos, el mismo Ayuntamiento, el Hotel Reina Victoria, el Hotel Inglés, el Café El Siglo, el Micalet, el Café Ideal, el Hotel Vincci y el Hotel Royal; el otro en la zona marítima, con la vieja estación del Grau, el urinario Chaves, el restaurante La Pepica, los Berenadors, la playa de les Arenes, l’Escorxador y la Casa dels Bous.
Dos casas, dos mundos
La imagen se repite, cada año, a mediados de julio, cuando Key West, sur de Florida, EE.UU., celebra los Días de Hemingway y, particularmente, el Annual Hemingway Look-Alike Contest (Concurso de Dobles), que este año será del 22 al 26/7, en Sloppy Joe’s Bar. Entonces, las calles de Key West se llenan de hombres canosos y barbudos -buscando el mejor parecido con el escritor- que pugnan por obtener el título de Papá Hemingway. La tradición comenzó en 1981 y en 2026 cumple 45 años.
Concurso de dobles en Sloppy Joe’s Bar, en Key West. Foto Andy Newman/Florida Keys News Bureau via APEn Key West está la Ernest Hemingway Home & Museum (entrada, 19 dólares) que permite conocer la casa, los jardines y el estudio del escritor. Hemingway llegó al cayo en 1928, con su esposa Pauline, y en 1931, un tío de ella les regaló esta casa colonial sobre la calle Whitehead. Convertida en museo, conserva antigüedades, muebles, muchos recuerdos y anécdotas (dicen que Ernest mandó a construir una pileta: costó una fortuna y fue la primera pileta enterrada del cayo).
Hay quienes llegan hasta la casa-museo atraídos también por los gatos. Es que hay casi 60 gatos polidáctilos (seis dedos). “Los gatos normalmente tienen 5 dedos delanteros y 4 traseros. Aproximadamente la mitad de los gatos del museo presentan el rasgo físico de la polidactilia”, explican en el lugar.
La casa-museo de Hemingway en Key West, abierta a los visitantes. Foto ShutterstockEn 1940, Ernest y Pauline se divorciaron y él se instaló en Cuba con su tercera esposa, Martha Gellhorn (corresponsal de guerra).
En Cuba hay varios lugares archiconocidos en el centro histórico de La Habana vinculados al escritor, como los bares La Bodeguita del Medio, con sus mojitos, y el Floridita, donde bebía daikiris y una estatua lo recuerda en un rincón. No muy lejos, el hotel Ambos Mundos lo recibió en muchas oportunidades: ocupaba la habitación 511, que se conserva como un breve museo.
El Floridita, en La Habana. foto AP Photo/Ramon EspinosaPero en San Francisco de Paula, a unos 24 km del centro, está la Finca La Vigía, donde vivió hasta 1960. La casa está llena de muebles originales, obras de arte, porcelana, cañas de pescar, armas, máquinas de escribir y otros objetos coleccionados por el autor. Hay botellas de licor originales y armarios con objetos personales. Allí está también su barco de pesca Pilar. Pero uno de sus tesoros es la biblioteca, con unos 9.000 libros (muchos con anotaciones en los márgenes), miles de cartas, fotos, álbumes de recortes y manuscritos, entre otras cosas.
Podríamos seguir viajando por Venecia, Kenia o Michigan, y seguiríamos encontrando recuerdos de Hemingway. Paisajes, bares, restaurantes, calles, hoteles, museos o plazas que funcionan como capítulos de un itinerario infinito.
