miércoles, febrero 4Hola Cañuelas

guía para descubrir la fascinante Bretaña francesa


No es la región más famosa de Francia y, sin embargo, sus encantos la convierten en un paseo inolvidable. Bretaña –o, como se la conoce en el país galo, La Bretagne– ofrece paisajes espectaculares, entre el mar y las antiguas casas de piedra.

Además de su ubicación estratégica (está junto a la legendaria Normandía, limitada al norte por el Canal de la Mancha), uno de los rasgos esenciales de esta región del norte, que supera los 27.000 km2, está vinculado a su gastronomía.

Algo que muchos viajeros desconocen es que el verdadero origen de uno de los platos más famosos de Francia está en Bretaña: las crêpes. Es aquí donde nacieron estos manjares dulces y donde están las mejores crêperies del país.

Las crêpes son tan importantes en la cultura francesa que hasta tienen su propio día en el calendario. El 2 de febrero se celebra allí la Chandeleur (la Candelaria), más conocido como el Día de la Crêpe, cuando familiares y amigos se juntan a preparar y saborear este manjar bretón que tiene dos versiones: la dulce y la salada. Las dulces, son las que los turistas disfrutan con deliciosos rellenos. Las más clásicos vienen con Nutella y, para los más golosos, se suma la crema. Cuando es sin relleno, se la considera crêpes nature (al natural).

Pero también se puede pedir, en los restaurantes de Bretaña, una crêpe salada como plato principal, conocido con el nombre de galette. Hay para todos los gustos: pueden venir rellenas de queso, de queso y jamón, de champiñones, de espinaca o de sabores incluso más originales. Una galette como plato y una crêpe sucré (dulce) como postre es una cena típica de esta región.

Inabarcable y hermosa

Como es una región extensa, lo mejor es escoger algunos puntos determinados y prever un itinerario que incluya ciudades que se encuentren a una corta distancia. También es importante tener en cuenta que, si bien esta zona se caracteriza por un clima lluvioso, las precipitaciones suelen durar poco tiempo, y el cielo se despeja rápidamente.

Si la idea es llegar a Bretaña desde París, un recorrido posible es centrarse en tres ciudades muy representativas de la zona: Dinan, Dinard y la muy concurrida Saint-Malo. Haciendo base en un hotel en cualquiera de ellas, pueden visitarse las otras ciudades, muy distintas entre sí, por el día.

Una de las coquetas callecitas de Dinan. Foto Shutterstock

Dinan es una de las ciudades más singulares de Bretaña. Si bien no cuenta con el encanto de las playas que tienen otros destinos de la zona, sus callecitas pedregosas y los restaurantes a la vera del río Rance la tornan imperdible. Se puede recorrer en el día y se recomienda caminar al atardecer por la calle Jerzual, la principal, donde se encuentran varias tiendas y locales de souvenirs.

Saint-Malo es célebre en toda Europa por sus playas y por ser uno de los lugares de veraneo más conocidos de Francia. Durante los siglos XVII y XVIII su puerto era de los más importantes de ese país.

Saint-Malo, la más famosa de Bretaña. Foto Shutterstock

Amplia y hermosa, Saint-Malo es para recorrer con calma. Tiene dos puntos esenciales que vale la pena conocer: su ciudad amurallada (imperdible la mágica vista del atardecer) y el centro de la ciudad, con infinitos cafés y restaurantes, que durante el verano europeo permanecen abiertos hasta tarde.

Un tercer día se puede dedicar a Dinard, una ciudad que se caracteriza por la claridad de sus aguas y sus increíbles paisajes. Los bretones recomiendan no abandonar el lugar sin descubrir uno de sus mayores encantos: la promenade du clair de lune (el camino del claro de luna). El camino, con una vista costera inolvidable, conecta la Pointe du Moulinet y la playa de Prieuré. Además del paisaje del mar y la vegetación, en el recorrido pueden verse los distintos estilos arquitectónicos de la ciudad.

Vista de Dinard. Foto Shutterstock

El sendero se inicia a pocos metros del centro de Dinard, un sencillo paseo entre las rocas que se puede completar en aproximadamente media hora.

Una maravilla para conocer

Un enclave que debería formar parte del recorrido es el famosísimo Mont Saint-Michel. Es tal su hermosura y su atractivo turístico que desde hace años esta maravilla es disputada por dos regiones de Francia. Tanto Normandía como Bretaña la reivindican como propia, dado que se encuentra en el límite entre ambas regiones. Pero oficialmente pertenece a Normandía.

Mont-Saint-Michel, una joya imperdible en Normandía. Foto LUDOVIC MARIN / AFP

Se puede acceder a través de un puente o, en caso de marea baja, a veces caminando sobre la arena.

Lo mejor es visitar el monte fuera de la temporada alta –el verano europeo es el momento más concurrido- para evitar interminables filas y un incremento excesivo de los precios de la excursión. Patrimonio Mundial, se calcula que, cada año, Mont Saint-Michel recibe más de dos millones de turistas.

Su ciudad amurallada se conserva desde la Edad Media y sus principales atractivos son la abadía, el claustro y la bahía, para admirar la fuerza de las corrientes marítimas.

Antiguamente, el Mont Saint-Michel era un destino elegido por muchos peregrinos, aunque actualmente su atractivo es principalmente turístico.



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