lunes, marzo 16Hola Cañuelas

las 7 escapadas imperdibles desde Roma


Convencidos de que el Imperio había tejido una red tan precisa que cualquier trayecto terminaba, inevitablemente, en el Foro, los antiguos repetían “todos los caminos conducen a Roma”.

La frase nació de una certeza geográfica y política, las calzadas romanas partían desde el kilómetro cero, el Milliarium Aureum, y se expandían hacia los confines conocidos. Roma era centro, medida y destino.

La paradoja contemporánea invierte el sentido del dicho en Italia. Roma sigue siendo epicentro, aunque ahora funciona como punto de partida.

Desde la Ciudad Eterna, los caminos se abren hacia una constelación de pueblos, colinas, ruinas y playas que caben en una hora de viaje.

Las escapadas clásicas siempre sedujeron a quienes se instalan unos días en Roma. Florencia y Nápoles aparecen como tentaciones inmediatas, Pompeya promete una lección de historia al aire libre, y Siena y Perugia asoman como joyas medievales que justifican el viaje.

Sin embargo, existe un radio más cercano, menos transitado por el turismo apurado, que ofrece experiencias igual de memorables sin exigir valijas ni reservas complejas.

El Foro Romano, uno de los imperdibles de la Ciudad Eterna. Foto Shutterstock

Tras una mañana entre el Coliseo y la Fontana di Trevi, la tarde puede transcurrir en una plaza medieval donde sólo se escucha el repique de campanas.

1) Orvieto: la ciudad suspendida sobre la roca

La distancia desde Roma es de aproximadamente 120 kilómetros, un trayecto que en auto demanda cerca de una hora y cuarto por la autopista A1 en dirección a Firenze, con salida Orvieto.

Orvieto se encuentra a 120 km de Roma. Foto Turismo de Orvieto

Los trenes desde Roma Termini o Roma Tiburtina llegan en 1 hora 10 minutos. Desde la estación, ubicada en la parte baja, un funicular conecta en pocos minutos con el centro histórico.

Allí, un entramado medieval de calles estrechas invita a caminar sin rumbo fijo. El Duomo domina la escena con una fachada gótica que combina mármoles claros y oscuros, mosaicos dorados y un rosetón que captura la luz de la tarde.

La plaza se convierte en escenario donde locales y viajeros comparten el mismo asombro.

El Duomo se destaca entre las casas bajas. Foto Turismo de Orvieto

Orvieto Underground (€ 10, sólo con guía) propone un recorrido por cuevas y pasadizos excavados desde época etrusca. El Pozzo di San Patrizio, obra maestra de ingeniería del siglo XVI, sorprende con su doble rampa helicoidal iluminada por decenas de ventana.

Desde la Torre del Moro (€ 2.80, a diario de 10:30 a 16:30, puede cambiar de acuerdo a la estación), la vista se abre hacia el valle del Paglia y confirma que esta escapada breve puede sentirse como un viaje mucho más lejano.

2) Viterbo: la ciudad de los papas y las termas eternas

La distancia desde Roma es de unos 80 kilómetros, un trayecto que en auto demanda alrededor de 1 hora 10 minutos por la autopista A1 con salida Orte y conexión hacia Viterbo, o bien por la SS2 Cassia, más escénica y directa. El tren desde Roma Ostiense o Roma San Pietro tarda 1 hora 30′.

Vista Aéreas del Palazzo dei Papi en Viterbo, Italia. Foto Shutterstock

El corazón de la ciudad late en el quartiere San Pellegrino, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Italia. Un entramado urbano que parece detenido en el siglo XIII.

Viterbo fue sede pontificia durante buena parte del siglo XIII. En el Palazzo dei Papi (€10, a diario de 10 a 19) tuvo lugar el primer cónclave de la historia.

La Catedral de San Lorenzo (ingreso gratuito), contigua al palacio, completa el conjunto monumental. Y desde el cercano Museo Arqueológico Etrusco Roca Albornoz (€7, de martes a domingos, de 8:30 a 19:30), fortaleza del siglo XIV, se obtiene una vista amplia sobre las colinas que rodean la ciudad.

El Museo Civico y el del Colle del Duomo reúnen piezas etruscas, medievales y renacentistas. Las Terme dei Papi (todos los días, excepto los martes, (€18, todos los días de 9 a 19) se encuentran apenas a unos 5 km del centro.

En las trattorias del casco histórico, las pappardelle al cinghiale (pasta ancha con jabalí) y los platos de la cocina laziale refuerzan la identidad del territorio.

3) Tívoli: jardines que dialogan con el agua y la piedra

Apenas 30 km la separan Roma, unos 45 minutos por la autopista A24 en dirección a L’Aquila, con salida Tivoli. Los trenes regionales parten desde Roma Tiburtina y llegan en una hora.

Tívoli, más antigua que la propia capital, conserva un perfil que alterna callejones medievales con terrazas abiertas hacia el valle del Aniene.

Tivoli y sus callejones medievales. Foto Shutterstock

Villa Adriana (€15, de 9 a 19, a diario de 8:15 a 15:45) es uno de los complejos arqueológicos más impactantes de Italia. Construida en el siglo II por el emperador Adriano, ocupa una superficie extensa donde palacios, termas, bibliotecas y estanques recrean paisajes que el soberano admiró durante sus viajes por el Imperio. Desde la estación de tren, un bus local o un taxi permiten llegar en unos 10 minutos.

En pleno casco histórico se encuentra Villa d’Este (€18, todos los días de 8:45 a 19:45), joya del Renacimiento italiano. Sus jardines en terrazas descienden hacia el valle en una coreografía de fuentes que funcionan únicamente por gravedad, una proeza hidráulica del siglo XVI.

La Avenida de las Cien Fuentes y la Fuente del Órgano, que aún hoy emite música gracias a la presión del agua, convierten el paseo en una experiencia sensorial.

El tercer gran escenario natural es Villa Gregoriana (€10, todos los días de 9:30 a 18:30, hasta las 16 en invierno), parque paisajístico creado en el siglo XIX alrededor de la gran cascada del río Aniene. A pocos pasos de Villa d’Este, permite combinar ambas visitas en una jornada.

4) Ostia Antica: Emily “in Italy” y calles intactas

A solo 25 km del centro de Roma, Ostia Antica propone un viaje directo al corazón de la vida cotidiana del Imperio.

Ostia Antica permite ver cómo era la vida cotidiana en el Imperio Romano. Foto Shutterstock

El trayecto en auto demanda 40 minutos por la Via del Mare o la Via Ostiense. Desde la estación Porta San Paolo, junto al metro B Piramide, parte el tren Roma Lido. En unos 35 minutos llega a la estación Ostia Antica. Desde allí, una caminata de 10 minutos conduce a la entrada del parque arqueológico.

En sus calles se armó el pueblo Solitano, inventado para crear el sitio ideal para la empresa del perfume que hizo cambiar de locación a la serie «Emily in Paris».

Antiguo puerto de Roma en la desembocadura del Tíber, Ostia fue durante siglos un enclave estratégico para el comercio de cereales, aceite y vino. A diferencia de Pompeya, aquí la escala urbana se percibe con una naturalidad sorprendente, la ciudad se despliega con sus barrios, tabernas, almacenes y edificios públicos en un entramado completo.

El Teatro Romano (€18, de martes a domingos, de 8:30 a 16:30 en invierno y las 19:15 el resto del año), construido en época de Augusto y ampliado en el siglo II, conserva una acústica que asombra.

El teatro tomano de Ostia Antica. Foto Shutterstock

A pocos pasos, el Piazzale delle Corporazioni exhibe mosaicos en blanco y negro que identificaban a los gremios comerciales, símbolos de barcos, elefantes o ánforas que revelan la amplitud de las rutas marítimas.

Las Termas de Neptuno (€18, de ma. a dom. de 8:30 a 16:30 en invierno y las 19:15 el resto del año) destacan por sus mosaicos marinos y por los restos del sistema de calefacción subterráneo. El visitante puede recorrer las salas frías y calientes con la sensación de que la vida urbana quedó en pausa hace apenas unas horas.

El Caseggiato del Termopolio (€18, de martes a domingo, de 8:30 a 16:30 en invierno y las 19:15 el resto del año), antigua taberna, conserva el mostrador original y recipientes donde se servían comidas calientes.

El Foro de varios pisos destinado a viviendas colectivas y la Sinagoga, una de las más antiguas de Europa occidental, completan un recorrido.

5) Lido di Ostia: el mar de los romanos

A unos 30 km del centro de Roma, Lido di Ostia ofrece la posibilidad de cambiar mármol por arena en menos de una hora.

En auto, el trayecto demanda 40 minutos por la Via del Mare o la Via Cristoforo Colombo, dos arterias directas hacia la costa.

Lido di Ostia, a 30 kilómetros de Roma. Foto Turismo Lido di Ostia

El tren Roma Lido parte desde Porta San Paolo, junto a la estación de metro B Piramide, y llega en unos 30 minutos al centro. Desde allí, la playa se alcanza caminando en pocos minutos.

El balneario nació a comienzos del siglo XX como proyecto de expansión marítima para la capital. Arquitectos y urbanistas imaginaron un frente costero moderno, con edificios racionalistas, paseos amplios y clubes de playa organizados.

Las playas se alternan entre sectores privados, conocidos como stabilimenti, y tramos libres de acceso gratuito. Los establecimientos ofrecen alquiler de sombrillas y reposeras, duchas, restaurantes y bares donde el aperitivo se sirve con vista al agua.

El Porto Turistico di Roma suma otro punto de interés. Restaurantes de pescado fresco, heladerías y locales náuticos rodean los muelles donde descansan veleros y embarcaciones deportivas. Al atardecer, la luz dorada transforma el puerto en escenario fotográfico, con reflejos que se multiplican sobre el agua.

6) Castel Gandolfo: el balcón secreto sobre el lago Albano

A 25 kilómetros al sudeste de Roma, en el corazón de los Castelli Romani, Castel Gandolfo se asoma como una terraza natural sobre el lago Albano. El trayecto en auto demanda entre 40 y 50 minutos por la Via Appia Nuova o por la SS7, con un ascenso final panorámico que anticipa la vista.

El Palacio Apostólico, en Castel Gandolfo. Foto Shutterstock

El tren desde Roma Termini llega en 45 minutos a la estación Castel Gandolfo, ubicada en la parte baja, a orillas del lago. Desde allí, una caminata en subida de unos 20 minutos conducen al centro histórico.

La Piazza della Libertà funciona como corazón urbano y mirador privilegiado. Frente a ella se alza el Palacio Apostólico (€12, de lu. a vie. de 9 a 14:30, sáb. y dom. de 9 a 18:30), residencia de verano de los papas durante siglos. Desde 2016, parte del complejo puede visitarse como museo, lo que permite recorrer salones, galerías y jardines que antes permanecían reservados.

Los Jardines Pontificios (entrada incluida en el ticket del Palacio) constituyen uno de los grandes atractivos. Diseñados sobre antiguas villas romanas, combinan terrazas, fuentes y sectores agrícolas que todavía abastecen al Vaticano.

En lo alto del complejo se encuentra la Specola Vaticana, el Observatorio Astronómico del Vaticano (€ 6 extra al ticket de las otras visitas, todos los días a las 10:30, con horarios adicionales los sáb. y dom. a las 14).

El Lago Albano y Castel Gandolfo, en Italia. Foto Shutterstock

El lago Albano, de origen volcánico, invita a descender hacia sus orillas para practicar kayak, pedalear o simplemente almorzar en alguno de los restaurantes con terraza sobre el agua. La gastronomía local se apoya en la tradición de los Castelli Romani, con porchetta, pastas caseras y vinos blancos de la zona.

7) Frascati: colinas, vinos y villas

A unos 20 km de la capital, Frascati emerge entre las ondulaciones verdes de los Castelli Romani con una elegancia luminosa. El viaje en auto demanda entre 35 y 45 minutos por la Via Tuscolana o la A1 con salida Monte Porzio Catone.

El tren regional desde Roma Termini conecta en aproximadamente 30 minutos con la estación Frascati, ubicada a pocos pasos del centro histórico, una ventaja que facilita la escapada sin necesidad de vehículo.

La Villa Aldobrandini, en Frascati. Foto Shutterstock

El casco antiguo se despliega en calles empedradas que ascienden suavemente hacia la Catedral de San Pietro. La plaza principal funciona como punto de encuentro y mirador, desde allí la vista se abre hacia la llanura romana y, en días despejados, permite distinguir la silueta lejana de la ciudad eterna.

Entre los siglos XVI y XVII, familias nobles mandaron construir aquí sus villas de recreo, conocidas como tuscolanas. Villa Aldobrandini (gratis, de 8:30 a 17:30, de lunes a viernes), con su fachada monumental y sus jardines en terrazas, domina el perfil urbano desde lo alto.

Aunque el interior no siempre está abierto al público (aún viven allí los descendientes), los jardines y el parque ofrecen un marco escénico que justifica la caminata. Otras residencias históricas se distribuyen por la zona, integradas al paisaje de viñedos.

Viñedos de Frascati, en Italia. Foto Shutterstock

El Museo Tuscolano (€ 5, de martes a domingos, de 10 a 19), ubicado en las Scuderie Aldobrandini, reúne piezas arqueológicas provenientes de la antigua ciudad de Tusculum.

Su pieza estrella es la Menade de Tuscolo, una escultura en mármol pentélico hallada en 2023). Esculturas, inscripciones y fragmentos arquitectónicos permiten comprender la profundidad histórica de estas colinas, habitadas desde época romana.

Frascati también se vive a través del paladar. El vino blanco que lleva su nombre es uno de los más conocidos del Lacio, fresco y ligero, ideal para acompañar platos locales. Las fraschette, tabernas tradicionales, ofrecen tablas de embutidos, quesos, panes rústicos y preparaciones sencillas que celebran la cocina del territorio.



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