
Viajar por Europa podría resultar un poco más simple -y previsible- en los próximos meses. Esto es porque la Unión Europea dio un paso clave para poner fin a uno de los cargos que más polémica generó entre los pasajeros de las aerolíneas low cost: el cobro adicional por llevar equipaje de mano en cabina.
El Parlamento Europeo alcanzó este martes 23 de junio un acuerdo para que las compañías aéreas no puedan cobrar un suplemento por llevar una valija de cabina de hasta siete kilos en los vuelos dentro de la región. La medida, que todavía debe superar una última revisión legal y lingüística antes de su aprobación definitiva, busca transparentar las tarifas y unificar criterios entre las distintas aerolíneas.
Según el texto acordado, los pasajeros tendrán derecho a embarcar con una valija de mano de hasta siete kilos y, además, un artículo personal -como una mochila, cartera o bolso pequeño- que pueda colocarse debajo del asiento, sin costo adicional.
Las empresas también deberán mostrar desde el inicio del proceso de compra el precio final del pasaje, incluyendo ese equipaje.
El ministro de Transportes, Comunicaciones y Obras Públicas de Chipre, Alexis Vafeades, celebró el acuerdo, y lo calificó como un avance histórico en materia de derechos de los pasajeros aéreos europeos.
Pero las novedades no terminan allí, ya que la nueva regulación también apunta a otras prácticas habituales del sector. Establece, por ejemplo, que las aerolíneas ya no podrán cancelar el tramo de regreso de un pasajero por no haber utilizado el vuelo de ida, una modalidad comercial conocida como “no-show”.
Además, las familias y las personas con movilidad reducida tendrán garantizada la posibilidad de viajar juntas sin tener que pagar por la selección de asientos.
La nueva normativa fija, además, nuevas obligaciones para las compañías frente a retrasos y cancelaciones.
Por ejemplo, en caso de que un vuelo llegue con más de tres horas de demora o sea cancelado con menos de dos semanas de anticipación, los pasajeros podrán acceder a compensaciones económicas que irán desde 250 hasta 600 euros, según la distancia del vuelo.
Las aerolíneas también deberán responder los reclamos en un plazo máximo de 30 días, ya sea para otorgar la indemnización correspondiente o para explicar los motivos de un eventual rechazo.
Otro de los puntos destacados establece que, ante una cancelación, la empresa deberá ofrecer una alternativa de viaje dentro de las tres horas siguientes. Si no lo hace, el pasajero podrá gestionar por su cuenta otro traslado y reclamar posteriormente un reembolso de hasta cuatro veces el valor original del pasaje.
La iniciativa encontró rápidamente resistencia entre algunas aerolíneas de bajo costo, cuyo modelo comercial se apoya en buena medida en los ingresos obtenidos por servicios complementarios.
Entre las más críticas estuvo la irlandesa Ryanair, una de las low cost más grandes del mundo, que en 2024 obtuvo unos 4.700 millones de euros por conceptos “extra”, como equipaje, selección de asientos y otros cargos adicionales.
Su director ejecutivo, Michael O’Leary, cuestionó la nueva normativa al considerar que obligará a las empresas a mostrar tarifas iniciales más elevadas y reducirá la competitividad del sector.
Además de Ryanair, otras aerolíneas low cost importantes de Europa son easyJet (Reino Unido), Wizz Air (Hungría), Vueling (España), Transavia (Países Bajos), Eurowings (Alemania), Jet2 (Reino Unido) y Norwegian Air Shuttle (Noruega).
Para que las nuevas reglas entren en vigor, resta todavía la aprobación formal del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea, una vez concluida la revisión jurídica y lingüística del texto.
