
Cada Mundial moviliza a la Argentina entera. Según datos de la FIFA y de organismos oficiales de turismo, en Brasil 2014 viajaron más de 60.000 argentinos, mientras que en Rusia 2018 la cifra rondó los 35.000, y en Qatar 2022 superó los 45.000, a pesar de los altos costos y la distancia.
Para 2026, las proyecciones son aún mayores: el formato ampliado a 48 selecciones, las múltiples sedes y la infraestructura turística de Estados Unidos, Canadá y México anticipan un desplazamiento récord desde Sudamérica.
Se estima que más de 70.000 argentinos podrían viajar en distintas etapas del torneo, impulsados no sólo por el fútbol sino por la posibilidad de transformar el Mundial en un gran viaje.
La edición 2026 será, además, un punto de quiebre desde el punto de vista turístico. No habrá una única ciudad-base ni estadías cortas concentradas: el torneo se desplegará durante más de un mes, en decenas de sedes, con distancias largas pero bien conectadas.
Para el viajero argentino, eso abre un nuevo escenario: combinar partidos con rutas internas, elegir dónde dormir con inteligencia y animarse a conocer ciudades menos evidentes, muchas veces más económicas y auténticas.
En la fase de grupos, Argentina ya tiene confirmado su recorrido inicial. El 16 de junio debutará frente a Argelia en Kansas City, en el imponente Arrowhead Stadium.
Campo de juego de Arrowhead Stadium en Kansas City. Foto AP Photo/Reed HoffmannEl 22 de junio jugará contra Austria en Dallas, y cerrará el grupo el 27 de junio, en esa misma ciudad, frente a Jordania, ambos encuentros en el AT&T Stadium de Arlington.
Dos ciudades muy distintas entre sí, unidas por el mismo desafío logístico: cómo moverse, dónde alojarse y cómo aprovechar la experiencia más allá de las tribunas.
Si la Selección avanza el camino podría continuar en sedes como Miami o Los Ángeles, y luego en Atlanta o Kansas City otra vez, dependiendo de la posición final.
No conviene proyectar demasiado más allá: en un Mundial tan extenso, la flexibilidad será clave. Lo que sí aparece como una certeza es que no siempre será conveniente alojarse en la ciudad exacta del partido.
La Argentina jugará en el estadio AT&T, hogar de los Dallas Cowboys. Las tarifas hoteleras subirán fuerte en sedes oficiales y fechas de juego, mientras que locaciones satélites bien conectadas permitirán ahorrar, conocer otro Estados Unidos y viajar al estadio sólo el día del encuentro.
Ese será, quizás, el gran aprendizaje del Mundial 2026: entender que el fútbol es el corazón del viaje, pero no su único latido. Entre estadios monumentales, rutas infinitas y ciudades que no suelen figurar en el radar turístico clásico, la Copa del Mundo se convertirá en una experiencia itinerante, larga, intensa y profundamente distinta a todo lo vivido hasta ahora.
Kansas City en el corazón del Medio Oeste
El 16 de junio será el inicio de la aventura albiceleste en una ciudad que rara vez aparece en los itinerarios clásicos, pero que guarda una identidad potente, hospitalaria y profundamente americana.
Desde Buenos Aires, se llega a Kansas City con al menos una escala, generalmente vía Dallas, Miami, Atlanta o Houston. El aeropuerto internacional Kansas City (MCI) es moderno y eficiente, y desde allí el centro se alcanza en unos 25 minutos en auto.
La Selección Nacional debutará en Kansas City el 16 de junio. Foto Turismo de Kansas CityAlquilar vehículo resulta una opción práctica, aunque el sistema de transporte urbano y los servicios de ride-sharing funcionan correctamente durante eventos masivos.
Kansas City se despliega entre Misuri y Kansas, atravesada por ríos, parques y barrios de personalidad marcada. Su gran orgullo es el jazz, que aquí encontró uno de sus refugios más vibrantes durante el siglo XX.
El American Jazz Museum (U$S 10, de martes a sábado de 10 a 17 h. y los domingos de 12 a 17 h.), en el distrito histórico de 18th & Vine, invita a sumergirse en esa herencia musical, mientras que bares con música en vivo mantienen el pulso creativo activo.
Otro ícono local es la barbecue culture: en KC se discute, sin pudor, quién prepara las mejores ribs del país. Lugares como Joe’s Kansas City Bar-B-Que, Arthur Bryant’s o Gates Bar-B-Q forman parte del ritual gastronómico imprescindible.
KC, entre ríos, parques, jazz y ribs. Foto Turismo de Kansas CityPara equilibrar la agenda futbolera, la ciudad ofrece espacios verdes como Loose Park, museos de primer nivel como el Nelson-Atkins Museum of Art con su célebre jardín de esculturas (gratis, de martes a domingo de 10 a 17 h.) y zonas revitalizadas como Power & Light District, ideal para salir de noche antes o después del partido.
El ambiente es relajado, amable, sin la vorágine de las grandes metrópolis costeras, algo que muchos viajeros agradecen en un Mundial largo.
En términos de alojamiento, conviene pensar más allá del centro. Dentro del área metropolitana, ciudades como Overland Park, Olathe o Independence ofrecen hoteles y alquileres temporarios más accesibles, con buena conexión por autopista.
St. Joseph, un poco más al norte, puede ser otra alternativa económica para quienes priorizan presupuesto y tranquilidad. Incluso Wichita, en Kansas, aparece como opción para viajeros que se mueven en auto y buscan reducir costos de manera significativa, combinando el Mundial con un road trip por el Medio Oeste.
La clave en Kansas City será entender el ritmo: llegar con tiempo, moverse con margen el día del partido y aprovechar una ciudad que, sin prometer deslumbrar, termina conquistando por su autenticidad. Aquí, el Mundial se vive de cerca, sin estridencias, como un debut que marca el tono de un viaje que recién empieza.
Dallas: el pulso del Texas contemporáneo
El recorrido argentino continúa en Texas, donde la Selección jugará dos partidos decisivos de la fase de grupos en el AT&T Stadium, en Arlington.
El 22 de junio enfrentará a Austria y el 27 de cerrará esta etapa frente a Jordania, en uno de los estadios más impactantes del mundo, célebre por su techo retráctil y su pantalla gigante. Aquí, el Mundial adquiere una escala descomunal y una energía distinta: más intensa, más ruidosa, más expansiva.
Dallas es moderna, extensa y tiene muchos museos. Foto Turismo de DallasDesde Buenos Aires, Dallas se alcanza con una o dos escalas, generalmente vía Miami, Atlanta, Houston o Nueva York. El aeropuerto DFW es uno de los más grandes del país y está estratégicamente ubicado entre Dallas y Fort Worth, lo que facilita la logística.
Moverse sin auto es posible, pero alquilar uno suele ser la opción más conveniente para quienes planean desplazarse entre sedes, ciudades satélite y atracciones cercanas.
Dallas es moderna, extensa y marcada por contrastes. El centro ofrece museos de nivel internacional como el Dallas Museum of Art (gratis, de martes a domingo de 11 a 17 h.), el Nasher Sculpture Center (10 U$S, de miércoles a domingo, de 11 a 17) y el Perot Museum of Nature and Science (desde 15 U$S, de lunes a sábado de 10 a 17h y los domingos de 11 a 17h, cierra los martes) ideales para equilibrar fútbol con cultura.
En Deep Ellum, barrio creativo y musical, se concentran bares, murales y salas de conciertos; mientras que Bishop Arts District propone una escena más íntima, con galerías, tiendas independientes y restaurantes de autor.
Skyline nocturno de la ciudad de Texas. Foto Turismo de DallasPara quienes buscan un acercamiento a la historia reciente, el Sixth Floor Museum (desde 22 U$S de miércoles a domingo de 10 a 17h), dedicado a John F. Kennedy, aporta contexto y reflexión.
Arlington, sede del estadio, funciona casi como una ciudad-función durante los grandes eventos. Conviene llegar temprano los días de partido y planificar bien los traslados, ya que el tráfico puede ser intenso.
Sin embargo, alojarse aquí resulta práctico y, muchas veces, más económico que hacerlo en el centro de Dallas. Arlington, Irving, Frisco y Plano concentran una amplia oferta hotelera, con buenas tarifas y servicios pensados para eventos deportivos.
Para quienes buscan una experiencia distinta, Fort Worth, al oeste, aporta un espíritu más tradicional y vaquero. Su histórico Stockyards District, con desfiles de ganado y saloons, permite asomarse a un Texas más auténtico, lejos del vidrio y el acero.
Alquilar auto suele ser la opción más conveniente en Texas. Foto Turismo de DallasMás alejadas, ciudades como Shreveport (Luisiana), Little Rock (Arkansas), Oklahoma City o Tulsa pueden funcionar como paradas intermedias para quienes recorren el país en auto, con precios más bajos y un ritmo menos vertiginoso.
Texas exige planificación, pero recompensa con diversidad. Aquí, el Mundial se vivirá a gran escala, entre estadios monumentales, autopistas infinitas y ciudades que combinan modernidad, tradición y una hospitalidad franca. Para Argentina, Dallas será mucho más que dos partidos: será una prueba de carácter dentro y fuera de la cancha.
Si Argentina avanza…
Si la Selección supera la fase de grupos el Mundial se abrirá como un abanico de posibilidades.
A diferencia de ediciones anteriores, 2026 no propone un recorrido lineal, sino un sistema flexible, con múltiples sedes interconectadas y distancias largas que obligan a pensar el viaje con lógica turística además de futbolera. Para el hincha viajero, el desafío será elegir bien, sin anticiparse demasiado, pero con opciones claras en mente.
Entre las sedes que podrían recibir a Argentina aparecen Miami, Los Ángeles, Atlanta y Nueva York/Nueva Jersey, todas con perfiles muy distintos.
Vista aérea de Miami, en el estado de Florida. Foto Turismo de MiamiMiami ofrece un Mundial de clima cálido, playas icónicas y una fuerte presencia latina que garantiza ambiente, gastronomía familiar y vida nocturna intensa.
Más allá del estadio, el atractivo está en combinar partidos con escapadas a Key Biscayne, Everglades o incluso un viaje corto a Orlando, donde los parques temáticos y los outlets funcionan como imán para muchos viajeros.
Los Ángeles, en la costa oeste, plantea una experiencia urbana expansiva y cinematográfica.
En Los Angeles, Hollywood Boulevard.El fútbol convive con playas como Santa Monica y Venice, rutas escénicas como la Pacific Coast Highway y barrios emblemáticos como Hollywood o Downtown LA.
Aquí, una estrategia posible es alojarse fuera del centro, en áreas como Pasadena, Glendale o incluso Anaheim, que permiten reducir costos y moverse con mayor comodidad.
Atlanta, en el sudeste, se presenta como una sede estratégica por su conectividad aérea y su carácter amable.
Moderna, verde y culturalmente activa, suma atractivos como el Martin Luther King Jr. National Historical Park, el BeltLiney una escena gastronómica en pleno crecimiento.
Panorámica de Atlanta, en Estados Unidos. Foto Turismo de AtlantaDesde allí, resulta sencillo hacer escapadas a ciudades cercanas o incluso plantear una base más estable para seguir el torneo.
Por último, Nueva York/Nueva Jersey representa la postal urbana por excelencia.
Greenpoint Brooklyn Transmitter Park, turismo en Nueva York. Foto Jen Davis / NYC & CompanyLa posibilidad de combinar el Mundial con Broadway, museos, barrios míticos y excursiones a Brooklyn, Harlem o incluso Washington D.C. la convierte en una opción tentadora, aunque más costosa.
En este caso, alojarse en zonas de Nueva Jersey bien conectadas por tren puede marcar una diferencia importante en el presupuesto.
Pensar estas sedes no sólo como localización de estadios, sino como destinos completos, permite transformar la incertidumbre deportiva en una oportunidad de viaje. El Mundial 2026 invita a aceptar que no todo se decide de antemano y que, muchas veces, el mejor recuerdo no ocurre dentro de la cancha.
Una base inesperada
Lejos del ruido de las grandes sedes, Asheville, en Carolina del Norte, se ha lanzado al ruedo con la expresa intención de captar a los latinos a modo de alternativa inteligente para quienes planean un Mundial largo, flexible y con identidad propia.
En Carolina del Norte, Asheville está rodeada por las Blue Ridge Mountains. Foto Turismo de AshevilleRodeada por las Blue Ridge Mountains, esta ciudad de espíritu artístico y ritmo pausado se propone como refugio para viajeros que buscan bajar costos, evitar multitudes y experimentar el torneo desde un lugar más cotidiano, casi pueblerino.
Desde Buenos Aires, se llega a Asheville con una o dos escalas vía Atlanta, Charlotte o Miami, hasta el aeropuerto regional AVL, pequeño y eficiente.
Otra opción habitual es volar a Charlotte, a poco más de dos horas en auto, lo que amplía la oferta aérea y suele abaratar tarifas.
Esa conectividad es uno de sus grandes valores: Asheville se encuentra estratégicamente ubicada entre dos sedes mundialistas clave, Charlotte y Atlanta, ambas a pocas horas por carretera. Charlotte será sede de partidos de España y del partido por el tercer puesto, mientras que Atlanta también recibirá encuentros de la selección española, lo que suma atractivo futbolero adicional.
Asheville se presenta como «alternativa inteligente». Foto Turismo de AshevilleAsheville cultiva una identidad singular dentro del sur estadounidense. Es una ciudad creativa, con fuerte escena musical, galerías independientes y una de las mayores concentraciones de cervecerías artesanales del país.
El centro se recorre a pie, entre cafés, librerías y mercados locales, mientras que los alrededores invitan a explorar rutas panorámicas como la Blue Ridge Parkway, considerada una de las más bellas de Estados Unidos. El Biltmore Estate, una mansión histórica rodeada de jardines y viñedos, funciona como visita imprescindible para entender el pasado aristocrático de la región.
Como base mundialista, Asheville ofrece ventajas claras: alojamientos más accesibles que en las sedes oficiales, un ambiente relajado para trabajar o descansar entre partidos y la posibilidad de organizar traslados puntuales sólo los días de juego.
Para muchos argentinos, representa una forma de “vivir el Mundial” sin estar inmerso permanentemente en la marea de hinchas, reduciendo gastos y estrés logístico.
Biltmore Estate, una mansión histórica rodeada de jardines y viñedos. Foto Turismo de AshevilleLa propuesta concreta que ha lanzado la ciudad es que moverse desde Asheville hacia otras sedes resulte sencillo en auto, y los vuelos internos permiten conexiones rápidas con ciudades donde también se juega el torneo.
Esa combinación de cercanía, identidad y costo la convierte en una opción atractiva para quienes imaginan el Mundial 2026 no como un sprint, sino como un viaje prolongado, donde el fútbol se integra a una experiencia más amplia.
En un Mundial pensado para moverse, Asheville propone quedarse. Hacer base. Mirar el mapa con calma. Y descubrir que, a veces, el mejor lugar para vivir la Copa no está marcado en negrita en el fixture, sino un poco más al costado, esperando ser elegido.
