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Palacios imperiales, la historia del Muro y sabores imperdibles: 48 horas en Berlín


Capital del Margraviato de Brandeburgo entre 1415 y 1701; luego capital del Reino de Prusia y de la Alemania unificada (Imperio Alemán) desde 1871. Absurdamente dividida por un muro entre 1961 y 1989 y luego reunificada, Berlín ha sido siempre, y sigue siendo, una ciudad clave en la historia de Europa. Y del mundo.

Tanta historia, tanta política, tantas huellas del pasado prusiano, de las guerras mundiales y de la Guerra Fría, junto a una gran movida cultural, convierten a Berlín en una de las ciudades más visitadas del planeta: el año pasado, 12,4 millones de turistas llegaron a la capital alemana, que parece vivir en constante renovación, con obras, vallas y grúas que viven revitalizándola.

El corazón de la ciudad es el enorme y variado Mitte, el municipio central, donde está la mayoría de sus atracciones, de la Puerta de Brandeburgo a Alexanderplatz, la Isla de los Museos o los edificios de preguerra restaurados luego de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial.

La Puerta de Brandeburgo fue construida entre 1788 y 1791 por orden de Federico Guillermo II de Prusia como símbolo de paz. Foto Shutterstock

Harían falta varios días para ver lo esencial de la ciudad más poblada de Alemania, con casi 4 millones de habitantes, a la que habría que agregar los palacios y la historia de la vecina Potsdam. Pero si el tiempo apremia y es necesario ver lo esencial en dos días, esta propuesta incluye caminatas por el centro y breves viajes en transporte público para ver lo principal de la ciudad que tiene un oso como emblema.

PRIMER DÍA

8.00 A Mitte hay que caminarlo. Y aquí se propone iniciar el recorrido en la gran plaza Alexanderplatz, un centro urbano que combina historia y vida moderna. Es un punto de encuentro desde el siglo XIX, y en 1969 sumó la ya clásica Torre de Televisión, de 368 metros, con la que la entonces República Democrática Alemana (RDA) mostraba el “progreso socialista”. Al día de hoy siegue siendo el edificio más alto de Alemania y tiene un restaurante giratorio con grandes vistas en las alturas (entrada al mirador 360°, 27,5 euros).

La plaza, que también es centro de conexión de transportes, cuenta además con centros comerciales como Galeria Berlín y Alexa y el Reloj Mundial, dividido en 24 partes; se construyó en la década de 1960 y muestra la hora en diferentes partes del mundo. Eso sí, Alexanderplatz suele estar en obras, por lo que no es raro que se encuentre con zona valladas.

La Torre de Televisión de Alexanderplatz es la construcción más alta de Alemania. Foto Shutterstock

10.00 Camine por la avenida Karl-Liebknecht, corazón del ex Berlín oriental, donde podrá ver el parque Innenstadt, con su monumento a Karl Marx y, enfrente, el pequeño pero interesante museo DDR, que reconstruye algo de la vida cotidiana en la ex República Democrática Almana. Lo mejor es el departamento ambientado como en la época, aunque también hay una sala de interrogatorios y un Trabi, auto que fue todo un símbolo de la Alemania Oriental.

Un pasito más y un puente sobre el río Spree lo ubicará en la Isla de los Museos, Patrimonio Mundial de la Unesco; alberga cinco museos con impresionantes colecciones de arte y arqueología, de 6.000 años de historia. En el Neues Museum, por ejemplo, está el famoso busto de Nefertiti, del 1.345 aC., y en el Pergamonmuseum, la Puerta de Ishtar, de la antigua Babilonia. El Museum Island Pass (32 euros, 3 días de validez) o la Berlin WelcomeCard dan acceso a los cinco museos.

Apenas cruzar el puente se encontrará con la monumental Catedral, inaugurada en 1905 en estilo barroco (entrada, 10 euros). Enfrente está el Humboldt Forum, en el edificio reconstruido del que fuera el Palacio Real, construido en el siglo VII y residencia principal de los reyes de Prusia y los emperadores alemanes. Alberga los museos Etnológico y de Arte Asiático.

Nikolaiviertel, a orillas del río Spree, es el barrio más antiguo de la ciudad. Foto Shutterstock

12.00 Pasando el Humboldt Forum, cruce el puente Rathaus en sentido contrario al que venía para llegar a Nikolaiviertel, el barrio más antiguo de la ciudad, nacido en el siglo XII en torno a la iglesia de San Nicolás y hoy repleto de bares y restaurantes.

Durante la II Guerra Mundial el barrio fue arrasado y recién se reconstruyó en la década de 1980 de la manera más exacta posible, siguiendo modelos históricos. Vea el Ephraimpalais, obra maestra de la arquitectura berlinesa de palacios del s. XVIII, y la Knoblauchhaus, un edificio barroco de 1760.

13.00 Entre los muchos restaurantes de Nikolaiviertel, una buena opción es Zum Nussbaum, de larga tradición: abierto desde el siglo XVI, fue reconstruido tras la II Guerra Mundial en su ubicación y estilo originales, con muros de piedra, ventanas pequeñas y vigas de madera. Sirve platos típicos. ¿Imperdibles? Currywurst (salchicha con ketchup y curry), eisbein (codillo de cerdo), bouletten (albóndigas) y bretzel, ideales para disfrutar con cerveza local. Otros platos son el kasseler -carne de cerdo fermentada y ahumada- con sauerkraut -chucrut-, e hígado asado con manzana, cebollas y puré de papas. También son muy populares las döner kebab, que llegaron con la numerosa inmigración turca.

Comida callejera. El currywurst, salchicha alemana asada a la parilla con salsa y curry, es un plato muy popular en la ciudad. foto Arhcivo

14.30 Hora de volver a las calles. Retome la caminata desde la Catedral para entrar a Unter den Linden, la elegante avenida principal de Berlín. Apenas cruce el río Spree hacia el oeste se encontrará con el Museo Histórico Alemán a la derecha; y enfrente, la Alte Kommandatur, un edificio militar reconstruido con el estilo original, de 1654.

De ahí son 15 minutos de hermosa caminata hasta la Pariser Platz y el monumento quizás más famoso de la ciudad: la Puerta de Brandeburgo, construida entre 1788 y 1791 por orden de Federico Guillermo II de Prusia como símbolo de paz. Más tarde se le añadió la cuádriga en la parte superior, representando a la Diosa de la Victoria en un carro tirado por cuatro caballos.

Paradójicamente, en tiempos del Muro fue el símbolo de la división: rodeada por paredes de ambos lados, fue durante años inaccesible para los alemanes tanto del Este como del Oeste. Tras la caída del Muro, en 1989, se convirtió en símbolo de la unidad alemana.

Unos 200 metros hacia el sur está el Memorial del Holocausto, un conmovedor sitio en el que 2.710 bloques de cemento recuerdan a las víctimas de los nazis, con una sala de exposiciones subterránea.

15.30 Otros 7 minutos a pie para llegar a Potsdamer Platz, que a principios del siglo XX era el ajetreado centro de Berlín. Allí funcionó el infame Tribunal Popular nazi durante la guerra, y desde 1961, gran parte de la zona fue parte de la “tierra de nadie” del Muro. Comenzó a volver a la vida en 1990.

El techo abovedado de Potsdamer Platz, reconstruida en la década de 1990. Foto Shutterstock

A fines de esa década, dos arquitectos diseñaron ocho edificios y luego se sumó el Das Center, con su techo abovedado de acero, vidrio y tela translúcida que cubre el área entre los edificios.

Se convirtió en un ícono de la “nueva Berlín” unificada y hoy es un popular centro de entretenimiento con oficinas, restaurantes y tiendas. Muy cerca, por si le queda tiempo, el Museo Alemán del Espionaje tiene mucho que ver con la historia de la ciudad y la Guerra Fría.

Cruzando la avenida Ben Gurion está el Kulturforum, con varios edificios dedicados a la cultura coronados por la Filarmónica de Berlín, una de las más importantes salas de concierto del mundo, construida entre 1960 y 1963 sobre la calle Herbert Von Karajan, llamada así en homenaje a ese gran director, considerado entre los mejores de la historia. En el Kulturforum también hay sala de conciertos y museos de instrumentos musicales y de arte.

La Filarmónica de Berlín es una de las principales salas de concierto del mundo. Foto Archivo

Impasse: cerca de allí es imperdible el Bauhaus Archive Museum, con una muestra pequeña pero que cuenta la historia de la Bauhaus, escuela de arte fundada por Walter Gropius que revolucionó el diseño y la arquitectura en la década de 1920.

17.00 Aunque la entrada principal al Tiergarten está cruzando la Puerta de Brandenburgo, desde el Kulturforum también puede ingresar al gran espacio verde de Berlín, un parque de 210 ha creado a finales del siglo XVII por el príncipe elector Federico III como “parque de ocio para el pueblo” en lo que fue un coto de caza.

En el siglo XIX se rediseñó con estilo inglés y hoy es punto de encuentro para pasear, hacer deporte o picnics, jugar a la pelota o simplemente descansar en el verde.

Panorámica del Tiergarten con la Columna de la Victoria en el centro. Foto Shutterstock

Además, alberga sitios interesantes, como un memorial dedicado a Beethoven, Haydn y Mozart, un monumento a los soldados soviéticos, varias fuentes y esculturas y el palacio Belleuve, residencia presidencial. También la Academia de Arte y un edificio diseñado por el célebre arquitecto Walter Gropius.

El corazón del parque es la Columna de la Victoria, inaugurada en 1874 para conmemorar el triunfo de la alianza de Prusia y el Imperio austríaco contra Dinamarca en la Guerra de los Ducados de 1864.

El edificio del Reichstag a orillas del río. Detrás asoma la cúpula de vidrio diseñada por Norman Foster. Foto Shutterstock

19.00 Regrese por la avenida 17 de Junio hacia la Puerta de Brandeburgo -preste atención a la pequeña placa homenaje a Mijaíl Gorbachov, presidente de la URSS cuando cayó el Muro- y tome a la izquierda por Ebertstrasse para llegar al edificio del Reichstag, el parlamento alemán.

La entrada al edificio, rediseñado por el célebre arquitecto Norman Foster, es gratuita, e incluye la espectacular cúpula de cristal y la terraza panorámica. Hay que registrarse previamente en la web del parlamento (Bundestag).

20.00 En la estación Reichstag/ Bundestag tome el bus 100, que hace un pintoresco viaje por la avenida Unter den Linden y, apenas cruzar la Isla de los Museos, baje en la estación Marienkirche para caminar 7 minutos hasta Hackescher Markt, una zona comercial repleta de boutiques independientes, restaurantes, tiendas de diseño y una animada vida nocturna. Un punto de encuentro muy tradicional para los berlineses, con sus patios interconectados, los Hackesche Höfe, declarados Monumento Histórico.

Hackescher Markt, con bares y restaurantes, es un punto de encuentro tradicional para los berlineses. Foto Shutterstock

Por allí hay muchos restaurantes y bares, especialmente en la calle Oranienburger, para disfrutar de buenos platos alemanes y, claro, buenas cervezas. ¡Salud!

SEGUNDO DÍA

8.00 Una mañana para empaparse de la increíble historia del Muro de Berlín, que dividió la ciudad en dos entre 1961 y 1989, separando de un momento a otro incluso a familias, que no pudieron reunirse por años.

Hay dos sitios imprescindibles para ello. Uno es Checkpoint Charlie, en Friedrichstrasse, el más famoso de los puntos de control por los que se podía cruzar de un lado al otro, porque era el principal paso de diplomáticos y extranjeros, y fue escenario de escaramuzas entre los ejércitos estadounidense y soviético. A su lado funciona el museo Haus am Checkpoint Charlie, que cuenta muchas anécdotas de la infame pared y de quienes intentaron cruzarla de distintas formas, algunos de los cuales lo lograron.

Checkpoint Charlie fue el más famoso puesto de control para cruzar entre las dos Alemanias durante la Guerra Fría. Foto Shutterstock

10.00 Una combinación de dos subtes (U6 y U3) lo llevará hasta la estación Warschauer Straße y el otro sitio histórico esencial del Muro: East Side Gallery, donde 118 artistas del mundo se juntaron en 1990 para decorar con graffitis en el tramo de Muro más largo entre los que se conservaron (1,3 km), a orillas del río Spree, dando vida y color y transformando en símbolo de paz y esperanza al que por casi 30 años fue el gran símbolo de opresión.

Allí, The Wall Museum cuenta con una exhibición multimedia que recorre la historia del Muro, con fragmentos de noticias de época y testimonios en video (adultos 12,5 euros; niños, 6,5).

East Side Gallery, arte en el Muro de Berlín. Foto Shutterstock

12.30 Vuelva a tomar el subte (U3 y U2) para una parada breve: de la estación Zoologischer Garten son 400 metros hasta la iglesia Memorial Kaiser Guillermo, famosa originalmente porque se levantó entre 1891 y 1895 con cinco torres, y la principal de ellas, de 113 metros, era la más alta de la ciudad. Hoy también es famosa, pero porque fue parcialmente destruida en la guerra y los restos de la torre principal se conservaron como monumento conmemorativo contra la guerra.

13.00 Regrese a la estación Zoologischer Garten y anímese a un local de comida rápida muy famoso en Berlín: Curry 36, donde muchos dicen que sirven el mejor currywurst, aunque sea en bandejas de cartón: una salchicha alemana (generalmente bratwurst de cerdo) a la plancha o frita, cortada en rodajas y servida con una salsa de tomate o ketchup y polvo de curry, siempre (o casi) con papas fritas.

14.00 Almuerzo rápido y bus. Desde Zoologischer Garten, el M45 lo llevará en menos de 20 minutos hasta el palacio Charlottenburg, porque no hay que pasar por Berlín sin ver al menos uno de sus palacios imperiales. Y éste es el más grande y el más impactante.

El palacio de Charlottenburg, principal complejo palaciego de la era imperial. Foto Shutterstock

Fue inaugurado en 1699 como palacio de verano para la reina Sofía Carlota, segunda esposa del rey de Prusia Federico III, y fue su refugio,. donde ella se recluía a pasear, filosofar con Leibniz, tocar el clavecín y cantar ópera italiana en los jardines. Luego fue ampliado y, durante la guerra, parcialmente destruido; de hecho, parte de los frescos y la decoración del primer piso no se pudieron recuperar.

Se visitan distintas estancias del palacio con una audioguía, y no menos interesante es el recorrido por los espectaculares jardines, diseñados en 1697 en estilo francés barroco, reformados en 1788 en estilo inglés y reconstruidos una vez más en 2001, en barroco (entrada 19 euros; estudiantes, 14).

18.00 Salga de los jardines y camine 10 minutos por la orilla del río hasta Reederei Becker. De allí parten cruceros que recorren el río Spree y le permiten disfrutar de la ciudad y muchos de sus íconos desde una nueva perspectiva.

Un crucero por el río Spree, con la catedral de fondo. Foto Shutterstock

Compense la comida rápida del mediodía con una cena de 3 o 4 platos mientras contempla la ciudad al atardecer. Los cruceros con cena de 3 platos cuestan desde 80 euros por persona y duran entre 2 y 3 horas. Una manera perfecta para finalizar el recorrido por esta maravillosa ciudad, reviviendo desde el tranquilo río íconos como el palacio Belleuve, el Reichstag, la Catedral o Nikolaiviertel. Chapeau.



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