sábado, agosto 8Hola Cañuelas

sale con ensaladas, papas fritas y podés repetir todo lo que quieras



Casi ni miramos la carta porque llegamos sabiendo exactamente qué pedir. Acá tiene fama el cordero fueguino que viene con ensalada y papas fritas, tipo “tenedor libre”, y postre. Así que lo pedimos, igual que la mayor parte de las mesas a nuestro alrededor. Sale rápido y la atención del mozo es impecable.

Estamos en Morada del Águila, el restaurante emblemático de Cerro Castor, ubicado en la base de este centro de esquí de Tierra del Fuego, a 26 kilómetros de Ushuaia. Tiene un gran hogar a leña en el centro y ventanales con vista al paisaje blanco que en pocos días se llenará de esquiadores o visitantes deseosos de divertirse en la nieve.

El restaurante abrió sus puertas el fin de semana pasado, junto con la pista de patinaje sobre hielo (inaugurada en 2018, Cerro Castor es el único centro de esquí de Sudamérica que tiene una pista en su base).

Y, en principio recibirá comensales los fines de semana hasta que abra el centro de esquí -algo previsto para el 26 de junio– cuando comenzará a trabajar todos los días, en dos turnos atendiendo tanto a los esquiadores como a quienes quieran saborear el cordero -el imperdible- como otros platos de la carta.

Lo cuidamos para que sea el mejor cordero de Tierra del Fuego”, así define Carlos Pulido, director gastronómico de Cerro Castor, al cordero a la cruz cocido al fuego de lenga que sirven en Morada del Águila.

Pulido es de Mar del Plata, hace 17 años que trabaja en Castor y tiene claro que, así como la gente llega hasta el centro de esquí para disfrutar de las pistas, la nieve, la naturaleza y la onda del lugar, también “queremos que se siente a comer y disfrute”. Y asegura que entre el 60 y el 70% de los que almuerzan en Morada piden este plato.

“Me tocó cocinar en distintos lugares y en cada sitio uno busca el ingrediente que resulta emblemático. En el caso de Tierra del Fuego, el cordero es uno de ellos”, explica Pulido del otro lado del teléfono.

Pero el proceso empieza mucho antes de que los esquiadores empiecen a llegar. “En noviembre ya hacemos el pedido a la estancia para tener seleccionados los corderos que vamos a necesitar”. Son de una raza que se cría en tierras fueguinasCorriedale-, con pastura natural, que siempre dio mucha lana y, explica Pulido, “su carne tiene perfil más suave que la del cordero común”.

La cocción se hace a la leña, con lenga, en un fogón en el que se pone un tronco grueso en el medio y se le van agregando astillas que se cortan a 60 cm.

Un detalle: al servirlos ofrecen cortes chicos para que no se enfríe y se busca que la reposición sea rápida, se usan parrillitas en las mesas para que las porciones se mantengan calientes.

Con un salón que tiene capacidad para 120 personas por turno, el trabajo empieza a las 5.30 de la mañana y a las 12, cuando arranca el primer turno, ya se pueden empezar a servir las primeras porciones. El segundo turno comienza a las 14.30.

Pero la carta tiene otras opciones. La recomendación de Pulido es probar el T-bone, de 800 gramos, otro imperdible para el mediodía.

Vale destacar también que tienen vino propio, envasado en Mendoza, de las variedades malbec, cabernet sauvignon y cabernet franc.



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