viernes, mayo 15Hola Cañuelas

cómo se llega en tren y por qué es una buena alternativa


Roma. La “ciudad eterna”, la del Coliseo, los Foros Imperiales, el Panteon o la Fontana di Trevi. La de la Basílica de San Pedro, la Capilla Sixtina y la Villa Borghese.

Siempre es un placer recorrer la capital italiana, una de las ciudades más visitadas por los argentinos de viaje por Europa, muchas veces punto de partida o final del recorrido por Italia u otros países del Viejo Continente.

Incluso ahora que se viene el verano italiano, que en Roma suele ser muy soleado y caluroso, con temperaturas máximas que con frecuencia suelen superar los 35 e incluso los 40 en julio y agosto, cuando las olas de calor -que llegan desde África y a las que llaman “caronte”- activan incluso las alertas rojas.

El Lido di Ostia comenzó a construirse a principios del siglo XX. Foto Archivo

Es especialmente en esos días cuando caminar por las históricas calles romanas se vuelve complicado, casi una tarea ciclópea, y dan muchas ganas de tirarse en una playa y darse un buen chapuzón refrescante.

A no desesperar, que bastante cerca de Roma hay algunas opciones para pasar un día de playa y recargar el cuerpo para continuar disfrutando del Trastevere y otros encantos de la ciudad.

Entre las posibilidades playeras sobre las costas del Mediterráneo en las cercanías de Fiumicino (donde está el aeropuerto de Roma) están Focene, Fregene y otras localidades, tanto con playas agrestes, sin servicios, como con otras que incluyen balnearios con todos los servicios, restaurantes y sombrillas con reposeras.

Pero, si de una escapada de un día se trata, tal vez lo mejor sea elegir la playa más cercana y de más fácil acceso, que en este caso es la del Lido di Ostia, a la que se llega en tren con la línea Roma-Lido, por unos 2 euros.

Junto al extremo del muelle está la estatua de Neptuno, dios del mar. Foto Archivo

Los italianos lo llaman Freccia del Mare, y desde la estación Porta San Paolo (metro Piramide) llega a Ostia (estación Lido Centro) en 30 minutos, pasando por Ostia Antica, que supo ser el antiguo puerto de Roma en la desembocadura del Tíber, enclave estratégico para el comercio de cereales, aceite y vino durante siglos.

Barrios, tabernas, almacenes y edificios públicos invitan también a recorrerlo, y visitar sobre todo su Teatro Romano (entrada 18 euros), construido en tiempos del emperador Augusto y ampliado en el siglo II; o ruinas como las del Capitolium, la Taberne dei Pescivendoli o la Schola Traianea, entre otras.

Balnearios y playas de arena

Pero aquí se trata de una escapada a la playa, no a Ostia Antica sino al Lido di Ostia, un centro turístico con amplias playas de arena y un ambiente bastante animado, con clubes privados (balnearios) y un agua que no es del todo cristalina pero sí apta para el baño, lo que lo convierte en un destino ideal para escapar del calor del verano romano

En varias zonas, el mar cristalino permite descansar del calor estival romano con un buen chapuzón. Foto Shutterstock

Desde la estación Lido Centro son un 600 metros hasta la zona céntrica, en la rotonda Piazzalle della Posta, frente al curioso edificio de formas redondeadas del correo, unos metros más allá de las largas escalinatas que trepan a la iglesia Santa María Regina Pacis.

La Via della Stazione Vecchia lleva a la amplia zona peatonal Piazza Anco Marcio, que desemboca en el Lungomare Paolo Toscanelli, una amplia avenida con boulevar que recorre esta parte de las costas del mar Tirreno.

El Lido di Ostia nació a comienzos del siglo XX como proyecto de expansión marítima para la capital del país. Para ello se convocó a arquitectos y urbanistas que idearon un frente costero moderno, con edificios racionalistas, paseos amplios y clubes de playa organizados.

Desde la desembocadura del Tíber, donde está el Viejo Faro de Fiumicino, las playas se extienden hacia el sur, y hacia allí nos dirigimos.

Una playa lista para recibir visitantes en el Lido di Ostia. Foto Shutterstock

Cruzando el lungomare está el balneario Battistini, con sus típicas sombrillas azules y amarillas, y muy cerca, la gran explanada que da origen al muelle de Ostia, donde los pescadores ponen a prueba la paciencia y los turistas caminan hasta la punta para ver desde cerca la curiosa estatua de Neptuno, el dios romano del mar, las aguas, los manantiales y los caballos, que se luce con su tridente sobre un banco de piedras en el agua.

Las playas van alternando sectores privadosstabilimenticon tramos libres, de acceso gratuito, entre balnearios, restaurantes y bares con vista al mar.

Siguiendo la costa hacia el sur está Il Curvone, un resto sobre con comidas varias y cafetería (hamburguesas desde 5 euros, café desde 1,20), justo donde la playa se hace más ancha y es más libre porque no hay casi sombrillas ni carpas.

En la zona hay hoteles y departamentos de alquiler con vista al mar. Foto Archivo

Sí las hay más adelante, cuando a lo largo de la costa se suceden paradores, restaurantes, pizzerías y balnearios con servicios, incluyendo los de la playa Tibidabo, una de las más convocantes y donde el agua es agradablemente cristalina.

Un pueblo de pescadores

Por allí se encontrará con la desembocadura de un canal que viene de tierra adentro. Antes de cruzarlo, desvíese unos 400 metros alejándose del mar por la Via dei Pescatori para llegar al imperdible Borghetto dei Pescatori, una encantadora aldea de pescadores que mantiene su aspecto histórico y su ambiente de otros tiempos, con sus casas bajas, pescadores que arreglan sus redes por la tarde y monumentos como un gran ancla con su cadena o la estatua de San Nicola, patrón de los pescadores.

Famoso por su tradición marinera y el festival de la Tellina, que se hace a fines de agosto e incluye una procesión en el mar y degustaciones de pescados frescos, el Borghetto está en la zona de Ostia Levante, y en sus fondas y restaurantes se puede disfrutar de buenos platos de pescado.

Il Borghetto dei Pescatori es un pueblo que mantiene el ambiente de otros tiempos. Foto Turismo Roma

Algunos precios: antipasto de mar, desde 20 euros, lo mismo que un spaghetti al pescatore o un calamaro arrosto (calamares a la parrilla o a la plancha), un plato de gambas y gambones a la parrilla, 25 euros.

Siguiendo un kilómetro por la playa está lo que alguna vez fue el centro de atención de Ostia: el Kursaal, uno de los establecimientos de playa más antiguos de la costa del Lacio, inaugurado en 1950 y escenario de varias películas del cine italiano de los años 50 y 60.

A solo 400 metros encontrará la estación de tren Cristoforo Colombo, desde donde puede volver a Roma en unos 45 minutos.

Un buen sitio para degustar sabores de mar muy frescos. Foto Archivo

Aunque si la opción es quedarse una o más noches para disfrutar de la costa y los tesoros arqueológicos de la Ostia Antica, en el Lido hay muchos alojamientos disponibles, a tarifas razonables, como en el hotel La Scaletta (3 estrellas, frente a la playa), donde una habitación doble con desayuno en julio se consigue desde 104 euros, y en un 4 estrellas como el Smy Aran Blu Roma Mare, desde 125 euros. Un departamento para dos a 400 metros de la playa, desde 70 euros la noche.

Claro, no son las playas del mar Egeo, de arenas blancas y mar turquesa, pero si la idea es salir un rato del calor de Roma y conocer sus cercanías, un día en Ostia es sin dudas una muy buena opción que combina playas, buena gastronomía y, casi como todo sitio en Italia, una pizca de historia.



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