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El BCE alerta de que el exceso de dinero ahorrado en depósitos amenaza el futuro de las pensiones y el nivel de vida de los jubilados


Un grupo de jubilados descansan en un parque de Barcelona.
David Zorrakino / Europa Press
Un grupo de jubilados descansan en un parque de Barcelona.
David Zorrakino / Europa Press

Los hogares europeos deberán cambiar la forma en la que gestionan sus ahorros si quieren mantener un nivel de vida adecuado durante la jubilación. Ese es el mensaje que lanzó este jueves el Banco Central Europeo (BCE), que alertó de que una gran parte del dinero de las familias permanece inmovilizado en depósitos bancarios con escasa rentabilidad, en lugar de dirigirse hacia inversiones más productivas y rentables a largo plazo.

La advertencia llega en un momento especialmente delicado para Europa, marcada por el envejecimiento de la población, el aumento de la presión sobre los sistemas públicos de pensiones y la necesidad de impulsar la competitividad económica del continente frente a otras grandes potencias como Estados Unidos o China.

Según el Informe de Integración de 2026 presentado por el BCE, la aversión al riesgo y el desconocimiento financiero continúan alejando a muchos europeos de la inversión en acciones y fondos de inversión, pese a que históricamente ofrecen mayores retornos que los productos tradicionales de ahorro.

El organismo presidido por Christine Lagarde considera que el recuerdo de la crisis financiera global de hace casi dos décadas todavía influye de forma decisiva en el comportamiento de millones de ahorradores europeos. Muchas familias siguen priorizando la seguridad de los depósitos bancarios frente a otros activos financieros con mayor potencial de rentabilidad.

“El mercado financiero integrado es crucial para la prosperidad, estabilidad y competitividad de la Unión Económica y Monetaria”, afirmó el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, durante la conferencia de presentación del informe.

Santiago Carbó, catedrático del Departamento de Economía en CUNEF Universidad, afirma que el sueldo que cobran los jóvenes es menor que las pensiones que reciben los jubilados, por lo que considera necesario llevar a cabo medidas que reduzcan esa desigualdad.

Para el BCE, esta situación no solo afecta a las economías domésticas, sino también al conjunto de la economía europea. La institución advierte de que una parte significativa del ahorro europeo termina invertido fuera de la Unión Europea, mientras las empresas del continente encuentran más dificultades para acceder al capital necesario para innovar y crecer.

La Comisión Europea comparte ese diagnóstico y trabaja desde hace meses en iniciativas destinadas a movilizar el enorme volumen de ahorro privado acumulado en Europa hacia inversiones consideradas productivas.

Uno de los puntos centrales del informe es la creciente preocupación por el futuro de las pensiones en Europa. El BCE insiste en que será fundamental desarrollar sistemas de ahorro complementario vinculados a los mercados de capitales para afrontar el impacto del envejecimiento demográfico.

Actualmente, la mayoría de los sistemas públicos europeos funcionan mediante un modelo de reparto: las cotizaciones de los trabajadores en activo financian las pensiones de quienes ya están jubilados.

A diferencia de otros sistemas basados en cuentas individuales de capitalización, las aportaciones no se invierten para generar rendimientos futuros, sino que se utilizan directamente para pagar prestaciones actuales.

Este modelo, sustentado históricamente sobre el denominado “contrato generacional”, comienza a mostrar signos de tensión en muchos países europeos debido al aumento de la esperanza de vida y a la reducción de la población activa.

La Comisión Europea ya propuso el pasado año impulsar las pensiones complementarias privadas para garantizar ingresos suficientes durante la jubilación. Bruselas insiste en que estas fórmulas no sustituirán a las pensiones públicas, pero sí podrían convertirse en un apoyo esencial para mantener el poder adquisitivo de millones de ciudadanos.

Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo. REUTERS/Brendan McDermid
Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo. REUTERS/Brendan McDermid

El BCE y la Comisión Europea subrayan además que el problema afectará especialmente a las personas más vulnerables y, en particular, a las mujeres. Las carreras laborales más intermitentes, los salarios más bajos y las mayores tasas de empleo parcial provocan que muchas mujeres acumulen menores derechos de pensión durante su vida laboral.

Por ello, las instituciones europeas consideran necesario fomentar una mayor cultura financiera y facilitar el acceso a productos de inversión a largo plazo que permitan complementar los ingresos públicos futuros.

El debate sobre la sostenibilidad del sistema ya se ha instalado en varios gobiernos europeos. El nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, defendió recientemente la necesidad de reformar el sistema público de pensiones en Alemania y otorgar un mayor protagonismo a los instrumentos ligados a los mercados de capitales.

Paradójicamente, Europa cuenta con uno de los mayores niveles de ahorro doméstico del mundo. Según los datos del BCE, la tasa de ahorro de los hogares de la eurozona alcanzó el 15% de los ingresos disponibles en el primer trimestre de 2025, claramente por encima de la tasa de inversión, situada en torno al 9%.

Sin embargo, gran parte de ese dinero permanece inmovilizado en productos de baja rentabilidad. En el segundo trimestre de 2025, el 32% de los ahorros de los hogares europeos seguía depositado en cuentas bancarias y efectivo, una cifra que triplica la registrada en Estados Unidos.

La participación directa en acciones también sigue siendo reducida. Apenas el 5% de la cartera financiera de los hogares de la eurozona está invertida en bolsa, frente al 31% de Estados Unidos.

El BCE recuerda que una inversión sostenida en fondos indexados de bajo coste habría generado una rentabilidad media anual cercana al 6% durante la última década, en línea con la evolución del índice bursátil europeo MSCI Europe.

Aun así, el organismo reconoce que muchos ciudadanos continúan percibiendo los mercados financieros como complejos, arriesgados o inaccesibles. Por ello, las instituciones europeas consideran clave reforzar la educación financiera y crear mecanismos que faciliten inversiones más sencillas, transparentes y diversificadas para los pequeños ahorradores.

El objetivo final de Bruselas y del BCE es doble: proteger el bienestar económico futuro de los ciudadanos europeos y, al mismo tiempo, movilizar miles de millones de euros hacia inversiones capaces de impulsar el crecimiento, la innovación y la competitividad de la economía europea en las próximas décadas.





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