martes, mayo 26Hola Cañuelas

visitó más de 1.600 pueblos y parajes, y conoce «el 100% de la provincia de Buenos Aires»


De chico, cuando viajaba con su familia a la costa, Iván Engels (48) miraba por la ventanilla del auto y sentía curiosidad por los caminos que se perdían en el horizonte.

Por las noches, veía luces lejanas y le preguntaba a sus padres qué había en esos lugares… Siempre le decían que había gente, pueblitos.

Lejos de irse, esa curiosidad fue in crescendo. Y la inquietud viene de familia: su bisabuelo viajaba en su Ford T una vez por mes desde Buenos Aires hasta La Falda, cuando la ruta a Córdoba era de tierra.

Como Iván pasa casi la mitad de cada mes en la ruta, tiene la mochila casi armada y solo agrega algo de ropa en cada viaje. En el auto nunca faltan el mate, la cámara de fotos y los alfajores Capitán del Espacio, tan quilmeños como él.

Desde hace más de 20 años Engels trabaja en telefonía: en los comienzos se ocupaba de los locutorios, hasta que le ofrecieron hacer telefonía rural y su vida cambió por completo. Desde entonces, recorre pueblos remotos de la Argentina para poner en funcionamiento todos los teléfonos públicos.

Este trabajo se convirtió en el motor de una forma de vida: ya lleva recorridos más de 1.100.000 kilómetros desde que empezó a manejar a los 18 años y ha visitado más de 1.600 ciudades, pueblos y parajes de todo el país, y “el 100% de la provincia de Buenos Aires”. Lo sabe bien porque en su casa tiene un mapa en el que coloca un pin cada vez que pisa un nuevo lugar.

El viajero y experto en teléfonos públicos marca en un mapa cada sitio que visita. Foto Iván Engels

“Mi pasión por salir a la ruta empezó desde chico. En mi habitación no había pósters de superhéroes, sino un simple mapa del territorio bonaerense. Disfrutaba mucho de los viajes con mi familia, hasta que en 2001 me compré mi primer auto y empecé a hacer salidas para sacar fotos. Gracias a mi trabajo, en 2005 pude empezar a internarme en esos caminos que me apasionaban de chico”, cuenta Iván.

El trabajo que abrió el camino

Todo empezó, aunque parezca inverosímil, con el arreglo de ¡teléfonos públicos! Hacia 2010, la compañía de telecomunicaciones para la cual trabaja todavía, le preguntó si estaba dispuesto a recorrer pueblos lejanos. Porque si bien eran cada vez menos usados ante el avance de la telefonía celular, en ciertos parajes eran (y son) fundamentales.

Para llegar a un pueblo a arreglar un teléfono, él tenía que pasar por otros cinco. Sacaba fotos, volvía a Buenos Aires y les contaba a su familia y amigos lo que había visto. La respuesta siempre era la misma: “Tenés que difundir todo eso”.

Entonces, en 2015 armó el grupo “Viajando por los Pueblos de Buenos Aires” en Facebook: arrancó con 20 o 30 seguidores -casi todos sus parientes-, hasta llegar a los actuales 200 mil. Su Facebook personal suma otros 60 mil, y su cuenta @viajandoporlospueblos tiene más de 70 mil seguidores en Instagram.

Iván Engels escribió dos libros y genera contenido en redes sociales. Foto Iván Engels

En 2022, la empresa le propuso extender el trabajo al resto del país. Aceptó y ya lleva recorridas gran parte de La Pampa, Mendoza, San Luis, San Juan, Córdoba, Neuquén y Río Negro, entre otras provincias. También llegó a Santiago del Estero y La Rioja por su cuenta.

En la actualidad, Iván mantiene los teléfonos públicos en pueblos y algunos parajes en los que no hay señal de celular, instalados en salitas de primeros auxilios, destacamentos, delegaciones o en casas de vecinos. “Hay 700 teléfonos públicos funcionando en el país. Vos levantás el tubo y hablás gratis a donde quieras”, señala.

Por pueblos casi fantasmas

“Es algo fascinante ver un camino lateral sobre la ruta, tomar el mapa o el GPS y decir: ¡Ahí voy!, sin saber con qué me voy a encontrar“, dice Engels en diálogo con Clarín. Y explica su original método: cuando el GPS no marca más caminos, si ve una huella, sigue igual.

Iván habla de los pueblos más chicos con precisión y afecto. Menciona Limay Mahuida, en La Pampa, adonde se llega después de 100 km de tierra: “Es el distrito menos poblado de Argentina: 10 mil kilómetros cuadrados y apenas 470 habitantes en todo el partido… La cabecera tiene 150”.

Entonces se acuerda de Quiñihual, el pueblo bonaerense que tiene un solo habitante: Pedro Meier es el dueño del almacén de ramos generales y vive ahí solo desde que dejó de pasar el ferrocarril en 1995.

Hay pueblos remotos sin Internet ni luz. Foto Iván Engels

Según relata, “Pedro mantiene el negocio familiar, abierto para los peones de campo que trabajan en los alrededores y tendrían que ir a Coronel Suárez, a 60 km. El pueblo no tiene energía eléctrica: antes había generador, pero ahora hay paneles solares”.

Inmediatamente, lo asocia con Mapis e Iturregui, dos pueblitos que quedaron casi abandonados después de la clausura del ferrocarril: “En el partido de Olavarría, Iturregui queda a 120 km de la ciudad cabecera (60 de asfalto y 60 de tierra). El único habitante es Marcelo Vallejos, que se mudó allí hace tres años para cuidar animales. A su vez, cuando fui a Mapis, Aníbal Zorn era el único habitante estable, ya que su familia vive a 30 km”.

Y profundiza: “Ese lugar llegó a tener dos almacenes y escuela. Hoy solo cuenta con una escuelita en actividad, gracias a las docentes que viajan los lunes desde Olavarría, se quedan toda la semana y vuelven los viernes, para darles educación a cuatro o cinco chicos que llegan a caballo. En la pandemia, al no tener Internet ni luz en muchas casas, no podían hacer videollamadas. Tranquera por tranquera, las maestras les llevaban y explicaban la tarea”.

Templo Mirador Millenium, ubicado en Puán, provincia de Buenos Aires. Foto Iván Engels

Otro caso conmovedor es el de Newton, con 15 habitantes en General Belgrano. Cuando fue a presentar su libro, allí se armó una guitarreada con la gente vestida de gaucho. Los chicos se sacaban el sombrero para saludar a su hija.

La hospitalidad de la gente

Una de las cosas que más valora, después de tantos kilómetros recorridos, es la hospitalidad de la gente. Si llega tarde, lo esperan para almorzar, y si no acepta un plato de comida, se ofenden.

Engels saca fotos de los paisajes y pueblos que recorre. Foto Iván Engels

La gente mayor de los pueblitos repiten siempre: “Solo quedamos los viejos. Los pibes se fueron a estudiar a la ciudad y ya no volvieron… Acá no se pierde la costumbre de juntarse a tomar algo, jugar un truco o hacer un baile en la calle. Vivimos en paz, sin apuro”,.

Iván subraya que los pueblos nacieron de la mano del ferrocarril y, con su clausura, murieron.

Las fotos, los libros y la ruta

En 2018 y 2019 Iván hizo un curso de fotografía y un taller de periodismo para retratar mejor lo que veía. Su trabajo en las redes sociales combina fotos y videos, y mucha gente le escribe para agradecerle.

Túnel verde, en el pueblo Ingeniero Moneta, partido de San Pedro. Foto Iván Engels

En 2024 pudo terminar su primer libro Historias de pueblos y su gente, tras varios años postergando el proyecto por el trabajo, los viajes y el nacimiento de su hija Margarita (él tiene dos hijos más grandes, Federico y Jazmín). Ya publicó el segundo: Historias para no olvidar.

¿Siempre viaja solo Iván? Sí. Ocasionalmente, lo acompañó un amigo pero nadie repitió la experiencia: demasiados kilómetros de tierra, donde el GPS ya no marca nada. Pero él, cuando ve una huella, sigue igual. Porque siempre llega a algún lado.





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